⁠Miguel Uribe domina conversación digital con propuestas de seguridad y ordenamiento territorial

En el feed de una ciudad acelerada, Laura, estudiante de la Séptima, comparte un clip sobre seguridad y transporte; Julián, repartidor en Suba, comenta sobre empleo y arriendos. En miles de gestos así, la conversación digital toma forma. Y, en esa marea, el nombre que más se repite es Miguel Uribe Londoño. La medición 2025 lo ubica al frente de la batalla en redes: un liderazgo que nació en Bogotá y hoy recorre el país.

El tablero del Termómetro Digital es claro: Bogotá concentró el 38% del diálogo político. Allí, Uribe domina con 39% frente al resto del top 5. El mapa revela otras voces fuertes: De la Espriella en Caribe, Dávila en Antioquia, Fajardo entre Antioquia y Bogotá, Cepeda con anclaje en Valle y Santanderes. Cada audiencia conversa con acentos propios.

Detrás del número hay rutinas: lives semanales, clips cortos con promesas verificables, respuestas a tiempo y una narrativa urbana que busca bajar el tono de la bronca. Uribe evita la trampa del “todo trending”: prioriza temas que le son familiares, movilidad, seguridad, ordenamiento, abre espacio a preguntas, un gesto simple que alimenta simpatía y reduce rechazo.

Para quienes lo siguen, el diferencial está en el tono. “No grita, explica”, dice Diana, enfermera en Kennedy que lo empezó a seguir por un hilo sobre atención primaria. Ese estilo no elimina los choques: la gráfica de sentimiento muestra polarización en todos los aspirantes. Pero en Uribe, el bloque verde (simpatía) resiste mejor los picos rojos.

Los equipos que caminan por los barrios traducen cada dato en acciones: convocatorias de voluntariado, analítica para priorizar UPZs, entrenamiento de voceros locales. “Del tweet al timbre”, resume un coordinador. Allí se prueba si el liderazgo digital se convierte en comunidad o se queda en ruido.

Las campañas rivales también aprenden. En Caribe, De la Espriella capitaliza su identidad mediática; Dávila estructura en Antioquia una comunidad muy activa; Fajardo reengancha con contenido educativo; Cepeda profundiza el control político. El resultado es una conversación intensa y territorial.

Queda por ver qué pasa cuando lleguen los debates y los cierres regionales. Si Uribe sostiene la cercanía y el ritmo de servicio en redes, su liderazgo podría trascender la pantalla. Porque, al final, la política que cuenta es la que se siente en la vida diaria. 

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