Ferias, capacitaciones y la llamada que cambió la semana.
En una feria de empleo en el occidente de Bogotá, Lina revisa su correo y sonríe: “Contrato firmado”. Hace un año estaba en la estadística del 9,3%; hoy es parte del 7,7%. Como ella, miles encontraron una puerta en call centers, comercios o laboratorios.
Carlos, técnico en sistemas, volvió a la formalidad después de seis meses “por cuenta propia”. La agencia le ofreció talleres de entrevista y una vacante en una pyme. “No es el salario soñado, pero cotizo y eso da tranquilidad”.
Los datos conviven con estas historias: 71.700 personas menos en el desempleo, informalidad bajando a 34,8% y empresas que reabren procesos de selección para fin de año. En TransMilenio se escuchan conversaciones sobre inducciones y pruebas médicas.
La capital encadenó trimestres de mejora, empujada por servicios y actividades profesionales. En el sur, una panadería duplicó su personal; en Chapinero, un restaurante contrató de nuevo a su equipo de cocina.
No todo es color de rosa: las brechas de género persisten y muchos contratos son a término fijo. Aun así, para quienes estaban por fuera del mercado, el primer paso ya ocurrió.
El Distrito mantiene ferias itinerantes, citas virtuales y acompañamiento a mipymes. “Llegué con miedo; me fui con tres entrevistas”, cuenta un joven de Suba.
La formalidad que asoma en los recibos de nómina todavía debe transformar salarios y carreras. Pero, por ahora, el alivio paga el pasaje de regreso a casa.
Así se vive un número que, en los informes, se resume como 7,7%.
Empleadores celebran la mayor disponibilidad de perfiles y la reactivación del consumo urbano. Organizaciones sociales piden no soltar la formación gratuita y el enfoque en cuidado para mujeres.
Los expertos ven la oportunidad de convertir la ola de contrataciones en trayectorias laborales con estabilidad y capacitación dual.
Detrás del 7,7% hay trayectos personales que empiezan a recomponerse. El desafío: que la curva no sea pasajera.
