Entre equidad y derechos, el deporte se examina.
En un pabellón cualquiera, una velocista mira el cronómetro y se pregunta si su marca seguirá contando para el sueño olímpico. A miles de kilómetros, en una sala de reuniones, el COI discute una regla que, de aprobarse, cerraría la categoría femenina a las mujeres trans. Entre ambos escenarios hay vidas deportivas que podrían cambiar.
La noticia corrió desde el 10 de noviembre de 2025: reportes coinciden en que el COI afina un borrador para unificar la elegibilidad. El organismo, sin embargo, repite que “no hay decisión final”. En medio, atletas, entrenadores y familias buscan entender qué viene.
“Queremos un campo de juego justo y seguro”, dicen representantes del deporte femenino. “Queremos competir sin ser borradas”, responden activistas trans. La conversación abandona redes sociales y entra a comisiones médicas, abogados y científicos que polemizan sobre ventajas fisiológicas y sobre cómo medirlas.
Desde 2023, referencias como World Athletics blindaron la categoría femenina. Ese modelo inspiró a otros deportes y ahora empuja al COI a centralizar la decisión rumbo a Los Ángeles 2028. Lo que para unos es certeza, para otros es exclusión.
“Lo que no se nombra se litiga”, advierte un jurista deportivo. Por eso el COI creó un grupo para proteger la categoría femenina y analizar ciencia, derechos y operación. Si hay regla, deberá explicar cómo se verificará, quién decide y qué puertas alternativas existirán.
En las pistas, la incertidumbre es práctica: calendarios, clasificatorios, marcas mínimas. En los escritorios, es legal: proporcionalidad, no discriminación, trato digno. En los vestuarios, es humana: identidades, proyectos de vida, pertenencia.
Hay algo en común: la necesidad de claridad. Las federaciones piden manuales; las atletas, plazos; los patrocinadores, estabilidad. Una política opaca polariza; una política abierta y basada en evidencia puede ordenar.
Entre cronómetros y documentos, el deporte espera. La decisión final aún no llega. Mientras tanto, cada entrenamiento y cada reunión valen el doble.
Colectivos de deportistas mujeres apoyan una regla universal para evitar “foros shopping” regulatorios. Organizaciones de derechos humanos exigen participación de atletas trans y métodos no invasivos, además de rutas competitivas que no signifiquen “expulsión simbólica”.
De confirmarse, el COI debería guiar la transición con capacitaciones, protocolos y acompañamiento psicosocial. La clave estará en cómo se implementa tanto como en qué se decide.El olimpismo se examina a sí mismo: equidad versus inclusión no es una disyuntiva simple. La forma de esta norma marcará una generación de atletas.
