4.000 historias en una misma ruta.
A las 5:00 a. m., cuando la niebla aún abraza los tejados, Zipaquirá empieza a cerrar sus calles. No es un día cualquiera: es el del Gran Fondo El Origen x Egan, la caravana de 4.000 ciclistas que convertirá la Sabana en un tapiz de cascos y maillots. La ciudad, que ha visto crecer al campeón, acomoda su rutina para que el pelotón marque el ritmo.
El recorrido lleva la firma de Egan Bernal: curvas que piden respeto, altos que queman piernas, descensos que exigen cabeza fría. Por eso hay cierres temporales en Cajicá, Chía, Cota, Tabio, Tenjo y Cogua; por eso los vecinos han sido llamados a planificar y a mirar con paciencia cómo la carretera se transforma, por unas horas, en pista para un sueño compartido.
En la Plaza de los Comuneros, el café humea más temprano; en el Neusa, el agua guarda silencio para escuchar el zumbido de las bicis. Los agentes de Tránsito sostienen la escena con chalecos reflectivos y señalamientos, mientras los primeros rayos de sol prometen una jornada limpia.
No todo es épica: quién necesita cruzar a una cita, quien abre su local, quien lleva niños al parque. Por eso hay horarios para cada cierre, desde las 6:10 a. m. en Cajicá–Chía–Cota hasta las 2:50 p. m. en los últimos tramos de Cogua/La Plazuela, para que el día, con sus demoras, no pierda la paciencia.
El libro de ruta también prohíbe parquear en la vía, cruzar entre grupos, y volar drones. Son reglas para cuidar la vida, para que cada foto de meta llegue con el pulso completo. Y para que esta fiesta deje más que un titular: deje orgullo.
Los hoteles reportan reservas, los restaurantes ajustan turnos, y los clubes locales repasan la altimetría. La Policía de Tránsito promete control y pedagogía; la gente, entre aplausos y prudencia, se alista para ver pasar la ilusión de miles.
Domingo de cierres, sí. Pero también de aplausos. Cuando el último ciclista cruce y las cintas se levanten, la Sabana recuperará la calma, un poco más orgullosa de ser origen.
