Entre globos, cámaras y preguntas sin respuesta.
La foto en blanco y negro circuló primero en los grupos de vecinos. “Se busca”, decía la ficha de la Fiscalía con un rostro joven y una mirada alegre. Emiliana Castrillón, 19 años, había salido a ver el Festival de los Globos en Venecia. Después, un video: caminaba junto a un hombre por una calle de piedra, a las 9:00 p. m.. Fue la última imagen.
Durante 10 días, Venecia se convirtió en punto de encuentro. Voluntarios, socorristas y el Dagran se internaron en veredas y márgenes del río Cauca. Desde el aire, drones con cámaras térmicas peinaron claros, potreros y riberas. En tierra, vecinos guardaban turnos para no dejar sola la esperanza.
El aviso llegó desde Bolombolo. Un trabajador del sector activó la cadena de llamadas. Hubo silencio y luego abrazos largos. La parroquia local anunció su oración, la comunidad escribió mensajes cortos y hondos: “Fuerza para la familia”.
Quedan preguntas que solo una investigación paciente puede responder. ¿Quién era el hombre que aparece en el video? ¿Cuál fue la ruta exacta después de esa esquina? Las autoridades avanzan en peritajes y entrevistas para trazar el mapa de las últimas horas.
En el puente amarillo de Bolombolo, donde el río corre con prisa, algunos dicen que el viento trae y se lleva historias. La de Emiliana se quedará en la memoria del pueblo como un llamado a cuidar a las suyas, a llegar más rápido, a no rendirse.
El duelo en Venecia es compartido: autoridades, vecinos y parroquia acordaron acompañar a la familia y pedir que la investigación llegue hasta el final. Colectivos juveniles proponen jornadas para fortalecer rutas de denuncia y cuidado entre pares.
La historia de Emiliana no termina con un punto final; abre una conversación sobre seguridad en eventos masivos, vigilancia comunitaria y cooperación tecnológica para no perder a nadie más.
