El Gobierno promete pasar del papel al terreno.

La admisión fue directa: “no funcionó”. Con esa frase, el presidente Gustavo Petro abrió la puerta a un cambio que busca que el Acuerdo de 2016 deje de ser un listado de promesas y se vuelva una secuencia de hechos. La Consejería Presidencial, que alguna vez lideró giros clave, volverá al centro de la escena.

La llamada de la Corte apremió los tiempos. En territorios donde la paz se mide en seguridad y oportunidades, el mensaje es que habrá mando claro, metas visibles y responsables con nombre propio. En palabras sencillas: menos trámites, más ejecución.

La Consejería volverá a coordinar ministerios, gobernaciones y alcaldías. Tendrá un tablero de control público, con avances por municipio. El énfasis: proteger vidas, abrir caminos y poner a producir proyectos que hoy están esperando.

Se priorizará a comunidades PDET, excombatientes y líderes sociales. La idea es que la inversión llegue con orden y que las cifras “bajen” hasta los caseríos.

La vieja Unidad no logró destrabar recursos ni ordenar equipos. El rediseño quiere corregir: equipos compactos, decisiones rápidas y veeduría ciudadana. Si algo no funciona, cambiarlo sin esperar otro ciclo presupuestal.

La cooperación internacional acompañará con recursos y monitoreo. La condición: datos abiertos y resultados verificables.

En veredas donde la paz se prueba a diario, la gente espera señales simples: títulos de tierra, proyectos productivos que despeguen, menos amenazas. La Consejería promete una ventanilla única para que la oferta del Estado llegue sin perderse en las oficinas.

Habrá reportes trimestrales, participación de organizaciones sociales y academia, y una línea directa para alertar retrasos. Un cambio cultural: mostrar tanto los avances como los tropiezos, y corregir en ruta.

El Gobierno asegura que el rediseño no es un cambio de rótulo: es una manera de trabajar. Si el nuevo engranaje funciona, la paz dejará de ser un eslogan para convertirse en rutina cotidiana

Víctimas y firmantes piden que la seguridad sea la primera prioridad. Expertos aplauden el mando desde Presidencia, pero advierten: sin presupuesto protegido, las buenas ideas se agotan.

Opositores reclaman resultados tempranos y evaluación independiente. El pulso será en los municipios PDET: allí se sabrá si el Estado llegó a tiempo.

La paz necesita gerencia, no sólo discursos. Con una Consejería fuerte, el Gobierno busca convertir urgencias en soluciones. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *