La escena quedó a cargo del CTI; la Policía rastrea a los sicarios
Eran las 11:15 a. m. cuando la rutina de café, vitrinas y almuerzos rápidos se quebró en Santa Mónica Residencial. Dos hombres dentro de una heladería recibieron múltiples disparos y la vida del barrio cambió de ritmo: puertas cerradas, teléfonos vibrando, carros detenidos, miradas en alto buscando una explicación.
“Fue inmediato”, relató una comerciante cercana. “Se escucharon las detonaciones, la gente se agachó y después solo vimos a la Policía cerrando la zona”. En minutos, el CTI llegó con los maletines naranjas y las cintas amarillas. La Avenida Sexta —esa vía que suele narrar la ciudad— quedó muda.
Una de las víctimas fue identificada como Fredy Albeiro Zapato Rivas; la segunda no portaba documentos. Los agresores, según los primeros reportes, irrumpieron y salieron con precisión. La descripción sugiere sicariato. En la acera, los peritos recogían casquillos; adentro, las cámaras guardaban pistas.
En su comunicado, Ventolini lamentó el hecho, expresó solidaridad con las familias y confirmó que ningún empleado resultó herido. Afuera, vecinos intentaban recomponer la mañana: abrazos cortos, mensajes por WhatsApp para avisar que estaban bien, y el eco de patrullas.
La ciudad viene contando números que pesan: 899 homicidios entre enero y el 13 de noviembre; 11% más que el año pasado. Pero cuando la cifra tiene dirección y esquina —Avenida 6 y 28N—, el dato se vuelve piel. Comerciantes piden más patrullaje; madres, rutas seguras para la salida del colegio.
El CTI y la Policía revisan videos, balística y rutas de escape. Se busca a los responsables con labores de vecindario y analítica de cámaras. La recompensa es una opción sobre la mesa, junto con mayores controles de movilidad en horas críticas.
En otras ciudades, tras hechos similares, la clave ha sido investigar la cadena completa: quién ordena, quién paga, quién transporta, quién dispara. Cali ya lo hizo antes y puede hacerlo otra vez si el sistema —Fiscalía, Policía, Alcaldía— camina al mismo ritmo.
Mientras tanto, Santa Mónica intenta volver a su vida. El tráfico regresa, las vitrinas abren a media persiana. Queda la inquietud de los vecinos y el deseo de que el próximo titular de la Avenida Sexta sea de música, de helados, de familia.
El caso provocó rechazo ciudadano y llamados de gremios a reforzar seguridad en corredores gastronómicos. La Personería pidió celeridad en las investigaciones por su impacto en la vida comunitaria.
Las autoridades preparan nuevos anuncios operativos y piden colaboración a la ciudadanía: videos, descripciones, placas. Dicen que cada detalle cuenta.
En la esquina donde todo se detuvo, la ciudad vuelve a moverse. Quedan pendientes nombres, móviles y responsables. Que lleguen pronto.
