Familias, preguntas y un país en disputa.
En la selva del Guaviare la noche cae temprano. Tras el operativo militar, el rumor del monte fue sustituido por radios encendidos y linternas buscando nombres. Horas después, la Defensoría confirmó seis menores fallecidos. Un parte frío que, en casas de madera, se volvió silencio.
Las primeras versiones hablaron de campamentos y disidencias. En medio, adolescentes con botas prestadas y mochilas pequeñas, arrastrados por un reclutamiento que los convirtió en escudos. La Defensoría recordó que, incluso allí, son sujetos de protección reforzada.
En el pueblo más cercano, una madre marcó el celular de su hijo una y otra vez. En la radio, un ministro defendió la operación y dejó una frase que dolió: “lo que mata no es la edad, es el arma”. A kilómetros de distancia, la entidad de control replicó con el DIH en la mano.
La mañana siguiente trajo forenses y camillas metálicas. Medicina Legal elevó el conteo a siete menores. La lista creció como crecen los duelos: de a poco y sin permiso. Entre cifras, un país discutía proporcionalidad y reglas de enfrentamiento.
En la selva, la vida continúa con helicópteros que cortan el cielo. El Estado reporta neutralizaciones; los expedientes hablan de niñez y crímenes de guerra por reclutamiento. Entre ambos bordes, familias piden verdad y reparación.
Una trabajadora social anotó edades y apellidos. Nadie debería aprender el DIH de esta manera. Pero aquí la letra menciona distinción, precaución y proporcionalidad, palabras que anclan discusiones y que, a veces, llegan tarde.
El operativo pasará a informes y comisiones. La selva guardará su secreto unas semanas más. En el calendario, un día quedará marcado con tinta oscura: la jornada en que seis o siete nombres dejaron de responder lista.
En Guaviare, donde la guerra se confunde con el monte, queda una pregunta que no cabe en los comunicados: ¿cómo evitarlos la próxima vez?
La Defensoría exigió investigaciones prontas y un enfoque de no repetición; organizaciones pidieron acompañamiento a familias y observación independiente. Desde el Gobierno, la defensa de la operación insiste en el marco del DIH.
El caso impacta la confianza en protocolos militares, presiona la coordinación interinstitucional y pone el foco en prevención del reclutamiento en territorios de alto riesgo.
Entre el dolor y la política, Guaviare recordó que la niñez no puede ser una línea de fuego. La verdad forense y las responsabilidades estatales serán la medida del país que queremos ser.
