La comunidad pide protección y claridad sobre los responsables.

El reloj marcaba poco después de las seis cuando el estallido partió por la mañana. En Mondomo, corregimiento de Santander de Quilichao, las puertas se abrieron de golpe y los teléfonos se llenaron de mensajes: “ataque a la estación”. Minutos después llegaron las ráfagas, el olor a pólvora y un silencio pesado que se rompe solo con sirenas. La subestación de Policía, sobre la Panamericana, volvió a ser el epicentro del miedo.

Quienes alcanzaron a grabar desde lejos captaron una nube de humo sobre la estructura. Otros, más cerca, vieron vidrios hechos trizas y niños acurrucados bajo mesas. “Tembló todo”, cuentan vecinos que aún recogen escombros. La explosión alcanzó muros y techos de casas y locales, mientras el tránsito por la Panamericana se detenía y patrullas y ambulancias tomaban la vía.

La primera explicación hoy es la misma de otras madrugadas en el Cauca: un ataque con explosivos y hostigamiento de fusil, con la sospecha de drones sobrevolando. La autoría, según fuentes de seguridad, recaería en disidencias de las Farc que operan la zona, grupos que han replicado tácticas similares en municipios cercanos. Para los habitantes, la etiqueta del grupo importa menos que la calma que no llega.

En el sur del departamento, las noticias trajeron otra preocupación: el Ejército confirmó el secuestro de un soldado profesional en medio de combates con la estructura ‘Carlos Patiño’. Los dos hechos, distintos en lugar y hora, comparten un mismo telón de fondo: una escalada que obliga a cerrar tiendas, a suspender rutas, a dormir con la ropa lista por si toca correr.

A media mañana, personal médico atendía a los heridos; técnicos antiexplosivos peinaban la escena y uniformados custodiaban el perímetro. Los comerciantes tomaban fotos de los daños para los seguros. Sobre el puente peatonal, algunos curiosos miraban lo que quedó de un camión destruido y de las fachadas a medio caer.

El miedo deja preguntas prácticas: ¿cómo abrir mañana?, ¿quién paga los vidrios?, ¿a qué hora se puede pasar por la carretera? Las autoridades locales activaron rutas para damnificados y pidieron calma. Desde la Gobernación y el Gobierno nacional anunciaron refuerzos y seguimiento. Pero la gente quiere garantías de que la próxima madrugada no traerá otra explosión.

Mondomo conoce de memoria la palabra “hostigamiento”. En los últimos meses, el departamento ha enfrentado ataques con explosivos, asaltos coordinados y lanzamiento de cargas desde drones. La comunidad lo resume en una frase: “vivimos pendientes del ruido”.

Ya entrada la tarde, el humo se había ido, pero en las casas quedaban marcas: paredes abiertas, puertas torcidas, polvo fino sobre todo. Los vecinos barrían despacio, interrumpidos por llamadas para saber si estaban bien. En la Panamericana, el tránsito se reanudaba por tramos, con retenes y revisiones.

La noche los encontró con las luces encendidas. El eco del estallido seguía en la cabeza de muchos, un recordatorio de que la vida aquí puede cambiar en segundos. A la espera de balances oficiales y capturas, Mondomo intenta recuperar el pulso.

Organizaciones civiles y autoridades condenaron el ataque y pidieron proteger a la población, priorizar refuerzos y acompañamiento psicosocial. Gremios del transporte alertaron por el impacto en tiempos y costos; comerciantes solicitaron apoyos para reparar daños y medidas de seguridad alrededor de la estación.

El Gobierno nacional y la cúpula militar evaluaron incrementos de pie de fuerza y patrullajes sobre la Panamericana. Equipos de investigación judicial recopilan material probatorio para identificar a los responsables y prevenir nuevos hechos.

Mondomo amaneció en medio de humo y sirenas, pero también de vecinos que se ayudan y limpian juntos. Quedan por delante la reparación, la atención a víctimas y la búsqueda de justicia. 

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