Lo que piden los partidos: reglas escritas y auditoría independiente.

El 4 de noviembre, el Movistar Arena vibró con un lanzamiento que superó los cálculos. Abelardo de la Espriella, en tarima, habló de unidad y dejó caer una idea: definir al candidato por encuesta. Una semana después, el eco llegó a Rionegro y a Bogotá: Álvaro Uribe la calificó de “generosa” y pidió diálogo insistente. La conversación cambió de tono.

En La U y Cambio Radical, el primer gesto fue escuchar. Las llamadas cruzadas trajeron una conclusión común: la consulta de marzo luce lejana y desgastante. La encuesta —dicen— podría ser una salida corta con reglas claras y un ganador que no pase por los filtros de un aparato.

Detrás de la foto hay personas y tiempos. Equipos técnicos trazan opciones: más de una firma, muestras por regiones, publicación de microdatos. Los políticos piden algo simple: papel firmado y compromisos para no repetir la historia de coaliciones que se rompen a la semana.

Los números acompañan la prisa. Encuestas recientes muestran un tablero abierto, sin un nombre hegemónico y con indecisos en mayoría. En ese terreno, la unidad pesa más que la marca. Y diciembre se volvió un hito: antes del 10, o no será.

En el Centro Democrático, el guiño de Uribe ordenó la fila sin cerrar la puerta. En La U, hay disposición si la encuesta no se convierte en una batalla de narrativas. En Cambio Radical, la palabra es “viabilidad”: si funciona, se firma; si no, a marzo.

El antecedente del Movistar – 15.000 asistentes – se lee como un mensaje: hay base para una conversación que supere egos. Pero también hay alertas: un sondeo no es una elección y debe ser incuestionable para que nadie sienta que perdió por defecto técnico.

Mientras tanto, equipos de campaña dibujan dos rutas: con encuesta, cierre de filas y programa mínimo; sin encuesta, primaria con el riesgo de que el ganador llegue tarde a la competencia grande. En ambos casos, el calendario es el árbitro implacable.

La historia entra en su semana decisiva. Entre llamadas, auditorías y borradores, los partidos calibran una decisión que puede reordenar 2026.

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