Un favoritismo que ordena la conversación interna.

En los comités, en los recorridos y en los chats de militantes, había una pregunta que flotaba: ¿quién será la carta del CD? La medición del CNC ofrece una respuesta nítida: Miguel Uribe toma la punta con 45,8% de apoyo interno, muy por encima de María Fernanda Cabal (11,4%) y Paloma Valencia (11,3%).

El dato encaja con lo que muchos reportaban en territorio: un nombre que sonaba más, que acumuló adhesiones y que ancló un mensaje reconocido por las bases. En la retaguardia, Andrés Guerra (4,3%) y Paola Holguín (2,7%) completan el cuadro, mientras un 24,5% aún observa y espera.

En la sede de barrio, el favoritismo se traduce en algo simple: convocatoria. Llega más gente a los foros donde está Uribe, hay más camisetas, más fotos, más mensajes. La encuesta del CNC legitima esa sensación con números, y eso en política pesa.

Para Cabal y Valencia, el desafío es diferenciarse en un espacio ideológico compartido, hablarle a públicos vecinos sin perder identidad. Ambas son figuras con trayectoria y presencia en medios; su casi empate lo confirma.

En el mapa interno, los indecisos son hoy la porción más cortejada. Son concejales, cuadros medios, jóvenes y líderes locales que piden claridad de reglas y una competencia que cuide la unidad. Saben que lo que ocurra adentro definirá la capacidad de llegar afuera.

La militancia también mira el cómo, no sólo el qué: se valora la presencia territorial, la escucha a sectores productivos, el tono frente a seguridad, empleo y costo de vida. La encuesta del CNC registra un liderazgo, pero el relato que lo acompaña será lo que convierta preferencia en proyecto.

En paralelo, suenan llamados a no fracturarse. La experiencia reciente enseña que las internas ásperas dejan heridas y que el tiempo electoral no perdona. Por eso, más que un “todos contra todos”, la base pide un debate con brújula.

En las regiones, el entusiasmo se mide en voluntarios y en agendas de fin de semana: quien logre sostener esa marea y hablarle a indecisos tendrá la llave de la consolidación. La encuesta ordena; el terreno confirma o corrige.

La dirigencia nacional sabe que, con la ventaja de hoy, hay que sumar mentes y egos: integrar equipos y mensajes sin diluir la marca del partido. Y a la vez tender puentes con posibles aliados, un movimiento que exige generosidad política.

El cierre de filas no implica unanimismo, sino un mínimo común que la gente reconozca: seguridad, crecimiento, empleo y un Estado que funcione. Ese compacto programático, más el liderazgo que marque ritmo, puede convertir números en opción competitiva.

En las redes de simpatizantes del CD, la palabra más repetida es “momento”. La encuesta del CNC —dicen— llega cuando se empezaban a definir agendas y respaldos. Del lado de los indecisos, el pedido es simple: reglas claras y una ruta que los convoque.

Entre analistas, el consenso es que esta foto ubica a Uribe como ordenador natural de la interna. Si el partido gestiona bien el proceso, puede salir con un candidato fortalecido y con capacidad de tender puentes.

La política se decide en números y en emociones. Hoy el CNC pone los números; el CD deberá manejar las emociones para convertir esta ventaja en un proyecto ganador. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *