Dos de las tres víctimas fueron identificadas; un herido lucha por su vida.
En Ciénaga, el ruido de la Troncal del Caribe nunca duerme. Pero la noche del sábado se quedó en silencio. Tres hombres cayeron bajo las balas dentro del Disco Bar Café Paraíso, en el barrio La Victoria. Hoy, dos nombres ya son oficiales: Antonio José Peláez Álvarez, 43 años, y Luis Alberto Gutiérrez Cantillo, 28. Un cuarto hombre, Joaquín Segundo Cueto Mejía, pelea por recuperarse.
Quienes alcanzaron a escuchar los disparos hablan de segundos eternos. Dicen que los sicarios llegaron en moto y que uno se quedó en la puerta. En el piso, junto a los cuerpos, un papel con amenazas encendió una alarma que Ciénaga creía haber bajado.
El reloj marcaba las 8:50 p. m. cuando los tiros cortaron la música. En la mesa, según se ve en fotos que circularon en redes, los tres hombres compartían sin imaginar el final. La escena, reconstruida por investigadores, deja ver precisión en el ataque.
Afuera, la Troncal siguió su curso, pero el comercio de la zona cerró antes. “Nos vamos temprano; uno no sabe”, dice una vendedora. Es el costo invisible que dejan estas noches: puertas a medio abrir y conversaciones en voz baja.
La Policía Metropolitana activó a la Sijín y profundiza en cámaras de seguridad para seguir el rastro de las motos. El mensaje hallado (“Cero Golfo…”) apunta a un pulso de poder que no es nuevo, pero que cada tanto rompe la calma.
Amigos y familiares de las víctimas iniciaron los trámites más duros: reconocer, despedir, explicarles a los niños. En el hospital, los médicos se concentran en el herido que puede contar cómo sonó todo desde adentro.
Ciénaga tiene memoria larga. Cada episodio revive historias de otros años, de otros nombres, de otros avisos pegados en paredes. Líderes barriales piden que la vigilancia llegue también a las rutas de escape, a las esquinas oscuras, a los horarios en los que vuelven quienes cierran.
La Fiscalía rastrea casquillos y calibres; la Policía cruza placas y rutas. El rompecabezas avanza entre peritajes y testimonios. La promesa es “resultados”, pero para muchos la urgencia es volver a caminar sin mirar atrás.
Autoridades locales anunciaron patrullajes reforzados y controles en sectores neurálgicos. Comerciantes y taxistas piden presencia sostenida, no solo coyuntural, para recuperar el flujo nocturno y la confianza.
Organizaciones sociales solicitan apoyo psicosocial para familias y vecinos impactados. Plantean, además, campañas comunitarias y botones de pánico en zonas de rumba para facilitar la denuncia inmediata.
La noche en Ciénaga volvió a encender sus luces, pero con menos mesas ocupadas. La investigación sigue su curso, y con ella la esperanza de que el nombre de los responsables no tarde tanto como el miedo en irse.
