Ciudadanos piden coherencia; el presidente promete transparencia.
La noche terminó en Lisboa y al día siguiente amaneció en Bogotá con una palabra en tendencia: gastos. En medio de la polarización, un informe “secreto” de la UIAF pasó de carpeta a tema nacional. En sus páginas, un rastro de 59 compras y una cifra que se repite: $502 millones en consumos POS entre 2023 y 2025.
El documento enumera bancos conocidos por millones de colombianos Scotiabank, BBVA, Banco Agrario, Confiar y Sudameris y un producto AFC que paga la hipoteca de una casa en Hacienda Fontanar (Chía). Nada extraordinario para un hogar de altos ingresos, pero suficiente para encender un país atento.
Las marcas hablan por sí solas: Gucci, Prada, Ralph Lauren, además de Apple y Nordstrom. En medio de esas líneas aparece un pago que se volvió símbolo: Menage Strip Club, Lisboa, mayo de 2023. La imagen de la Pink Street circuló como combustible en redes.
Desde su cuenta en X, Gustavo Petro insistió en que ya publicó sus cuentas y que cualquier persona puede compararlas con su declaración de renta. “Investiguen lo que quieran”, escribió, buscando desactivar la bomba de la sospecha.
La oposición leyó otra cosa. Enrique Gómez preguntó si los colombianos están “pagando excesos nocturnos”, mientras el periodista Melquisedec Torres listó, uno por uno, los gustos de lujo del presidente. También hubo voces que pidieron bajar el tono y no criminalizar la vida privada sin pruebas de uso de dineros públicos.
En chats de familia y estaciones de TransMilenio, la conversación se parece: ¿importa qué compra un presidente si lo hace con su salario? El informe dice que Hacienda consignó $1.124 millones en sueldos entre 2023 y mediados de 2025, con pagos de $26 a $48 millones al mes.
El debate no es nuevo: la coherencia se volvió una vara para medir a los poderosos. Quien habla de austeridad sabe que su recibo en la tienda también comunica. Y el consumo de lujo, aunque legal, suele volverse político.
Para quienes defienden al mandatario, la filtración confirma que todo está bancarizado y trazable. Para quienes lo critican, el gesto de la Pink Street vale más que cualquier extracto.
En lo que llega una explicación documentada sobre el pago en Lisboa y otros consumos sensibles, el país se queda entre titulares y dudas. Lo claro es que la conversación seguirá en la calle y en la red.
La historia, como el extracto, tendrá nuevos movimientos.
