Conductores relatan horas de incertidumbre.
A la altura de Ventanitas, el ruido de una detonación rompió la tarde y la carretera quedó abierta en canal. “Se levantó la vía”, contaron conductores varados en el tramo Los Llanos–Tarazá. En minutos, el cierre fue total y las sirenas dominaron el paisaje.
Desde Yarumal, unidades del Ejército y la Policía de Carreteras rodearon el punto; técnicos revisaron, paso a paso, la presencia de otros artefactos. Hubo miedo y colas largas, pero también una noticia: no había heridos. Horas después, llegó el alivio del paso a un carril.
Quien iba hacia la Costa vio de pronto el tráfico detenido y la calzada rota en el km 42+150. En los chats de ruta circularon advertencias y coordenadas; muchos encendieron luces de emergencia y esperaron instrucciones.
El cierre cortó itinerarios médicos, entregas urgentes y viajes familiares. Los camioneros calcularon pérdidas por horas motor y combustible. “Con un carril no alcanza”, decía un conductor que llevaba alimentos perecederos.
La autoridad informó que el ataque fue con un artefacto explosivo improvisado. No hubo atribución inmediata, pero se recordó la presencia de grupos armados en la zona. La pregunta era cuándo volvería el paso normal.
Mientras tanto, uniformados ordenaron el retorno de vehículos livianos y despejaron un corredor para priorizar a quienes llevaban más tiempo detenidos. El control militar dio algo de calma, pero la tensión se quedó en los retrovisores.
Los puestos de mando unificado coordinaron el flujo con periodos de pare y siga. En redes y medios aparecieron fotos del cráter y del antes y después de la vía, imágenes que explicaban sin palabras el porqué del cierre.
En la noche, el carril habilitado permitió a muchos llegar a destino. Otros decidieron pernoctar y reanudar al amanecer. Los conductores consultaron #767 en busca de certezas, mientras gruás y retroexcavadoras se acercaban al sitio.
El corredor Medellín–Caribe sostiene historias de trabajo: la fruta que llega fresca, la medicina que no puede esperar, el estudiante que regresa. Cuando la carretera se rompe, esas historias también se detienen.
La investigación avanza con la recolección de material y cámaras. La reparación exigirá asentamiento, mezcla y vigilancia; la memoria de los que estuvieron allí quedará ligada a un punto del mapa: Ventanitas.
Gremios del transporte pidieron garantías y acompañamiento en las horas críticas. En chats de viajeros abundaron mensajes de solidaridad y ofertas de agua y comida entre desconocidos.
Mandos regionales reforzaron presencia en el área y anunciaron seguimiento permanente. Se espera el dictamen técnico para iniciar arreglo definitivo y recuperar la confianza de quienes deben cruzar a diario.
El tramo Los Llanos–Tarazá volvió a respirar con un carril, pero la huella del cráter seguirá como recordatorio de la fragilidad del corredor. Hoy, la prioridad es cuidar la vida y recuperar la vía.
