Estudiantes llaman a asambleas; directivos piden calma y transición.
El anuncio llegó en medio de clases, chats encendidos y pasillos atentos: la elección de Leopoldo Múnera fue anulada. En cuestión de minutos, el mensaje recorrió facultades y cafeterías. Para muchos estudiantes que vieron en él un proyecto de apertura y democracia, la noticia supo a retroceso. Para otros, fue un respiro: el reconocimiento de que el primer acto el de José Ismael Peña nunca debió rehacerse.
La historia venía de atrás. En 2024, tras una consulta que favoreció a Múnera, el CSU terminó eligiendo primero a Peña. La respuesta en el campus fueron plantones y paros que vaciaron aulas durante semanas. Luego, un giro del propio CSU cambió el tablero y nombró a Múnera. Parecía el capítulo final, hasta que la justicia habló.
El Consejo de Estado dijo que el CSU no podía expedir un nuevo acto definitivo para corregir lo ya decidido. Validó la primera elección y declaró nula la de junio de 2024. No fue un debate sobre simpatías, sino sobre competencias.
En su reacción, Múnera aceptó el golpe con una frase sobria: “acataré”. Pero también dejó una crítica: la balanza dijo fue “muy estricta” con el CSU que lo eligió y “laxa” con el que escogió a Peña. Por otro lado, Peña aseguró que asumirá cuando el fallo quede ejecutoriado.
¿Y la comunidad? En Derecho, Artes, Medicina y Ciencias, grupos estudiantiles se citaron a asambleas. En WhatsApp circulan llamados a paros preventivos; otros piden evitar un nuevo semestre perdido. Profesores y administrativos insisten en un plan de transición que no sacrifique calendario, apoyos estudiantiles y contratación docente.
Para quienes defendían la consulta, la sensación es de desencanto: participar y no ver reflejada la mayoría duele. Para quienes reclamaban seguridad jurídica, el fallo trae orden. En medio de ambos, miles de estudiantes que solo quieren clases, prácticas y titulaciones a tiempo.
En lo jurídico, el mensaje es claro: los órganos universitarios deben respetar los límites del derecho administrativo. En lo humano, el reto es recomponer confianzas y que ninguna facción “gane” a costa de la universidad.
Mientras tanto, en los pasillos suena la pregunta del millón: ¿regresa Peña o el CSU nombra a otro? La respuesta, más que un nombre, deberá ser un acuerdo que baje la temperatura y devuelva estabilidad.
Colectivos estudiantiles que apoyaron a Múnera hablan de movilización; asociaciones profesorales piden acatar la sentencia y pasar página. Las autoridades de la UNAL preparan una sesión extraordinaria para aterrizar la transición.
En redes, el debate se polariza: la anulación es leída como triunfo del debido proceso o como revés a la democracia universitaria. Desde el Gobierno, el llamado es a respetar la autonomía y garantizar el orden en el campus.
La UNAL deberá convertir el fallo en oportunidad: reglas claras, participación con efectos y gobierno compartido. Lo contrario sería reeditar el bucle del conflicto.
