Familias piden tarifas estables y servicio continuo.
“Dicen que ya está en la frontera”, repite un conductor de carga que cruza a diario por el Simón Bolívar. El anuncio de Nicolás Maduro sobre el primer envío de gas a Colombia corrió de lado a lado. Por otro lado, en Maicao y Riohacha, los comerciantes cuentan lo mismo: si el gas llega barato y estable, la caja respira.
La promesa se sostiene en una infraestructura conocida, el gasoducto Antonio Ricaurte, que alguna vez llevó gas desde Colombia hasta Venezuela. Ahora, el plan es invertir el flujo. En el medio quedan oficios, permisos, pruebas y un territorio que ha esperado años por señales de normalización.
Los técnicos hablan de válvulas y presiones; la gente de empleos y precios. “Si el gas baja, podemos producir más y mejor”, dice un pequeño industrial del calzado en Cúcuta. Restaurantes y talleres también miran el costo del energético como llave de su rentabilidad.
En La Guajira, líderes piden que el retorno del gas traiga oportunidades formales e inversión social. Recuerdan que el ducto pasa por casa y que la región merece infraestructura y vigilancia ambiental.
La otra cara es la incertidumbre: sanciones internacionales, firmeza de los contratos y la integridad del ducto. “No podemos ilusionarnos con algo que dure dos semanas”, tercia un operador térmico. La demanda de electricidad no espera.
Aun así, el corredor energético podría reactivar centros logísticos, talleres y servicios en la franja binacional. Pequeños negocios que dependen del camión, del tubo y de que el precio no se dispare en temporada alta.
Historias de 2015 recuerdan el día en que el flujo se apagó. Esta vez, dicen, la integración tendría que blindarse con datos abiertos: cuánto entra, a qué precio, por cuánto tiempo.
Si el primer envío se vuelve rutina y no excepción, la confianza regresará a la frontera. Los mapas estarán listos; falta que el gas también.
Cámaras de comercio de frontera ven chance de reanimar el empleo si el gas estabiliza costes. Organizaciones civiles piden vigilancia ciudadana sobre tarifas y calidad del servicio para que el beneficio llegue al usuario.
Autoridades de La Guajira y Zulia solicitan mesas binacionales para seguimiento y protocolos de contingencia. “El desarrollo debe notarse en el territorio”, repiten.
La gente ya se imagina el soplo que traería el gas. Falta que la promesa deje de ser rumor y se vuelva costumbre.
