La confianza en los canales anónimos será determinante.
“Si tiene información, hable. La recompensa está”, repiten uniformados mientras entregan volantes con el nuevo cartel de los más buscados por terrorismo en Cali. En los barrios donde sonaron explosiones y sirenas, el anuncio de una bolsa de $400 millones reaviva temores y también expectativas.
El general Henry Yesid Bello describe con firmeza a alias ‘Marlon’, señalado de dirigir el bloque occidental ‘Jacobo Arenas’. Por él, el Gobierno ofrece $4.500 millones. La ciudad observa los afiches y se pregunta si esta vez las pistas llegarán a tiempo.
En la galería de rostros, algunos ciudadanos creen reconocer acentos, pasos, rutinas. “Los he visto por aquí”, murmura un comerciante, consciente de que la denuncia anónima es la vía segura.
La Policía refuerza patrullajes y pide prudencia: cada dato, por mínimo que parezca, puede conectar con otras piezas.
Las disidencias buscan impacto: cámaras, alarmas, calles acordonadas. Las recompensas apuntan a romper pactos de silencio y a que los entornos de los señalados opten por cooperar.
La historia reciente de Cali, ataques a estaciones, daños a infraestructura y comercio, y un hecho contra un medio radial, dejó heridas y un ánimo alerta. La actualización del cartel intenta pasar del miedo a la acción ciudadana.
Funcionarios municipales insisten en proteger a denunciantes; los canales son confidenciales y cuentan con seguimiento de la Policía y Fiscalía.
“Se paga por información útil y se guarda reserva”, recalca un agente.
En barrios periféricos, líderes comunitarios retoman frentes de seguridad y jornadas pedagógicas. “No graben ni se acerquen piden. Llamen a las líneas oficiales”.
La Alcaldía promete articular ayudas a víctimas y comerciantes afectados por atentados, mientras el comando metropolitano difunde el afiche en estaciones, terminales y redes.
Cada llamada cuenta; cada pista pesa.
Para gremios y juntas de acción comunal, el cartel es una herramienta visible que les devuelve agencia. Piden rápida verificación de datos y presencia sostenida.
Defensores de derechos humanos exigen debido proceso y evitar estigmatizaciones.
Cali busca respirar tranquila. La ciudad confía en que la denuncia anónima y la inteligencia transformen el afiche en capturas y sentencias.
