Su piel cuenta una historia, su mirada pide un hogar.
Carla posa frente a la cámara y parece sonreír. No tiene pelo, y eso llamó la atención de miles de usuarios. La fundación Adopta con Responsabilidad la presentó como una viringo peruana rescatada que hoy avanza en controles veterinarios. Su piel, tan comentada, no es señal de enfermedad: así es su raza.
En el alboroto de likes, ella mantiene la calma. Le gusta la gente, le gustan los otros perros; lo dijeron quienes la cuidan. Antes de hablar de formularios, la organización pidió tiempo: exámenes primero —hemograma y coprológico— y luego sí, la convocatoria de adopción.
Hay rutinas que ya son parte de su vida. Bloqueador cada salida, jabón suave en el baño, crema hidratante si la piel lo pide. Quien adopte a Carla tendrá una guía: evitar sol directo por largos periodos, elegir horarios amables y observar la piel como un mapa que cuenta cómo va todo.
Carla también trae una causa: “Velitas Pro Patitas”. Diez velas por $20.000 que se convierten en alimento, controles y tratamientos para los “enanos” del refugio en Bogotá y Soacha. La suya es la cara visible de muchos anónimos que esperan turno para la foto.
En la bandeja de mensajes se repite la pregunta: “¿ya está en adopción?” La respuesta, por ahora, es un “todavía no”. Falta que la veterinaria dé el visto bueno para que la sonrisa de Carla se mude a una casa definitiva. La paciencia, dicen, también salva.
Las redes hicieron su parte. El asombro inicial dejó paso a la curiosidad y a la empatía. Usuarios compartieron tips, recuerdos de sus viringos y ofrecieron donaciones. La historia de Carla abrió conversación sobre adopción responsable y cuidados reales, sin mitos.
Lo cierto es que no hay finales mágicos sin proceso. La fundación insiste en familias presentes, tiempo de calidad y, si se puede, otro compañero para que su sociabilidad no se marchite. El resto es rutina: visitas de control, hidratación y paseos con sombra.
Mientras llegan los resultados del laboratorio, Carla sigue posando. A veces corre; a veces cierra los ojos, como quien imagina. Afuera, alguien enciende una vela y escribe su nombre.
En comentarios, activistas celebraron que un caso viral sirva para educar y recaudar; veterinarios destacaron las pautas de piel compartidas por la fundación. La audiencia pidió actualizaciones del proceso y más historias de los “hermanos” de Carla.
Si Carla encuentra su hogar, su relato quedará como guía para futuras adopciones de razas poco conocidas. Y la campaña de velitas podrá llegar a más animales que aún esperan.
En este tipo de historias, la foto es un inicio, no el final. Carla sigue en valoración y su adopción se abrirá cuando sea seguro. La próxima actualización llegará desde las redes de la fundación.
