La continuidad de aporte, el lujo que muchos no pueden pagar.
Diana abrió un puesto de jugos para “mientras tanto”. En 2025 consiguió un contrato corto, se afilió y cotizó a pensión tres meses. Luego regresó a la calle: las ventas bajaron y el aporte quedó en pausa. Su historia se repite a lo largo del país y explica la alerta de ANIF: cada vez más trabajadores dejan de cotizar tras pocos meses.
La cifra contrasta con la informalidad en niveles bajos. Hay empleo, pero no siempre ingresos estables. Donde falta constancia, la pensión se vuelve un horizonte lejano. Entre pagos de arriendo y colegio, la vejez queda para después.
En barrios comerciales, los micronegocios abren y cierran según la temporada. Cuando hay caja, se cotiza; cuando no, se prioriza el día a día. Así, la afiliación es un paréntesis y la continuidad, un desafío.
Los independientes describen trámites confusos y fechas de pago que no coinciden con su flujo de caja. Sin débito automático ni recordatorios eficaces, perder un mes es fácil; recuperar el hábito, difícil.
La pedagogía también pesa: muchos creen que “ya con estar afiliado” basta, sin dimensionar la importancia de sumar semanas continuas.
El nuevo esquema pensional promete ordenar, pero la realidad en la calle manda: ingresos que suben y bajan, costos fijos que no esperan.
En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, la formalidad convive con el rebusque. En ese vaivén, el sistema pierde densidad de cotización y las personas pierden futuro.
Organizaciones sociales piden acompañar con educación financiera, cotizaciones proporcionales y microahorros vinculados a ventas digitales, para no “cortar” el aporte en los meses flojos.
Las familias temen envejecer sin pensión y depender de ayudas. La ansiedad por el presente compite con el ahorro del mañana.
La discusión pública, mientras tanto, se centra en reglas de juego, pero el nudo es el ingreso estable.
ANIF propone mirar más allá del titular de “baja informalidad” y medir continuidad como indicador clave. Gremios de independientes piden simplificar pagos y reducir costos de transacción.
Desde las instituciones, se plantean rutas de reenganche y mejores sistemas de notificación. La meta: que historias como la de Diana no terminen fuera del sistema.
Si la formalidad dura poco, la pensión se aleja. Colombia necesita que cada mes cuente.
