Con 24% menos contaminación, la ciudad exige mantener el rumbo.
Un día que empieza sin rugido
A las 3:00 a. m. Las primeras conductoras de La Rolita encienden los buses. No hay humo, casi no hay ruido. La cabina huele a limpieza reciente y a café, la batería marca 100%. En el patio de Perdomo, los cargadores alineados parecen postes de luz moderna. Afuera, la ciudad bosteza.
Mientras el bus avanza, una pasajera reconoce en voz baja: “se siente distinto”. Las puertas cierran sin golpes, el arranque es suave, el motor no vibra. La electromovilidad se vuelve experiencia: menos estrés, menos ruido, menos olor. Pero el debate no se queda atrás.
Lo que no se ve… también cuenta
El mismo bus que no echa humo sí desgasta llantas y frenos, y levanta polvo que termina en el aire. Las emisiones no exhaust están en el radar de técnicos y autoridades. También la energía que alimenta la batería: la mayor parte es renovable, aunque, en tiempos secos, entren térmicas.
Aun así, el balance global de la ciudad es alentador: 24% menos contaminación desde 2018 y un plan para sumar nuevas flotas desde 2026. El objetivo es que ese alivio se sienta en cada barrio y a todas horas.
Un sistema que se reimagina
TransMilenio y La Rolita muestran el nuevo estándar: espacios preferenciales, cámaras, sensores y frenado regenerativo. El patio de La Rolita puede cargar 195 buses a la vez, y detrás hay equipos de mantenimiento que aprenden una tecnología que llegó para quedarse.
Expectativas y preguntas
Los usuarios agradecen la baja de ruido y el confort. Los expertos piden datos finos por corredor, y que se refuerce la limpieza de vías, el control de polvo y la contratación renovable para cargar la flota. El debate ya no es si la electrificación sirve, sino cómo hacerla mejor.
El Distrito celebra reconocimientos y nuevas incorporaciones de flota. Operadoras públicas y privadas remarcan mejoras de servicio y una mayor participación femenina en conducción y operación técnica.
Organizaciones ciudadanas exigen monitoreo transparente de partículas por fricción para que el beneficio ambiental se confirme en el día a día.
Cuando el bus llega al último paradero, el sol ya calienta los techos. La ciudad respira un poco mejor que hace unos años. Falta trabajo: polvo, frenos, energía. Pero el camino parece claro.
