Dos puntos de hallazgo a pocas cuadras, una ciudad en alerta.

Eran las primeras horas del día cuando la carrera Décima empezó a prender luces. Un reciclador, acostumbrado a leer la ciudad entre plásticos y cartón, se detuvo frente a unas bolsas negras en la calle Quinta. Llamó a la Policía. Minutos después, las sirenas anunciaban lo que nadie quería confirmar: allí había partes de un cuerpo.

Las cintas de seguridad dibujaron un perímetro en medio del tránsito temprano. En la calle Sexta, a solo tres o cuatro cuadras, apareció un segundo rastro. Las patrullas extendieron los cierres. El barrio despertó entre preguntas y murmullos. 

Mientras la mayoría apuraba el café, peritos del CTI tomaban fotografías y recogían indicios con los trajes blancos que todos reconocen. La escena se repitió en otros puntos señalados por la comunidad. A esa hora, la Fiscalía ya cruzaba información y alistaba pruebas de laboratorio.

El centro de Bogotá —San Victorino, el parque Tercer Milenio, la Décima que todo lo conecta— siguió su pulso entre vendedores y buses. Pero bastó una franja amarilla para cambiar la rutina: cámaras en revisión, testigos en reserva, calles que por unas horas fueron laboratorio de silencios. 

Nadie ha dicho quién es la víctima. Tal vez alguien la está esperando. Por eso, más que un caso policial, hoy pesa la urgencia de darle un nombre a esa historia. La identidad será el primer hilo de una madeja que puede llevar a los responsables. 

Para los vecinos, la madrugada dejó un mensaje incómodo: reportar sirve. El aviso de un trabajador de la calle abrió la puerta a una investigación que ahora depende de cámaras, recorridos y huellas invisibles. 

La Metropolitana reforzó cuadrantes y puntos de control. La coordinación con la Fiscalía busca respuestas rápidas y, sobre todo, certezas que devuelvan calma a este corazón de ciudad que no deja de latir.

Comerciantes y residentes piden luz, presencia y vías despejadas. Las autoridades, por su parte, llaman a compartir grabaciones privadas y datos de movimientos inusuales en la noche anterior.

Organismos forenses trabajan en identificación, causa de muerte y cruces con reportes de desaparecidos. En paralelo, los investigadores trazan mapas de tiempo para atar el rompecabezas. 

 El centro vuelve a su ritmo, pero no a su normalidad. Entre uniformes, cámaras y preguntas, la ciudad espera un nombre y una captura. La historia continúa. 

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