Atención social para una persona que aceptó salir de la calle.
A primera hora, el murmullo de escobas y botas retumbó bajo los puentes. El Canal Comuneros, tantas veces esquivado por los peatones, amaneció con cuadrillas de UAESP y uniformes azules y verdes que bajaban al cauce con costales y ganchos. En la baranda, una comerciante de Ricaurte recordaba: “están desmontando cambuches… por fin”.
Los equipos de Seguridad y Policía hacían círculos de verificación. Dentro de algunas estructuras aparecieron cuchillos y pequeñas bolsas con polvo. La cifra final fue clara: 20 cambuches menos, cinco armas blancas incautadas y más de dos toneladas de residuos fuera del canal.
Un grupo de servidores de Salud y Gestión Social se acercó con voz baja. Entre 25 personas registradas, 13 vivían en la calle. A una de ellas le ofrecieron café y escucha. Dijo que sí: aceptó los servicios y subió a la camioneta rumbo al hogar de paso Bacatá, con una cobija en las piernas y una cita para empezar.
Mientras tanto, DADEP señalaba puntos críticos y UAESP levantaba costales. Los vecinos miraban de lejos, los niños preguntaban por qué había tanta gente. “Para que podamos pasar tranquilos”, respondió un padre, recogiendo con su hija un papel del piso.
Al final de la mañana, la foto era otra: senderos despejados, menos olores, menos miedo. Quedaron por barrer hojas y por despejar grafitis, pero Comuneros se veía distinto. La Alcaldía Local de Los Mártires prometió volver, no solo con escobas, también con oportunidades para quienes duermen cerca del concreto.
Residentes valoraron la presencia institucional y pidieron vigilancia en la noche. Comerciantes solicitaron rondas frecuentes y sanciones a quienes arrojen basura.
El Distrito aseguró seguimiento y pedagogía, además de nuevas jornadas para evitar la reinstalación de cambuches y mantener libres los pasos peatonales.
El canal no cambió de un día para otro, pero volvió la mirada de la gente. La tarea ahora es sostener la limpieza y acompañar a quienes acepten salir de la calle.
