Del exceso al equilibrio, sin culpas

Primero fue una frase breve: “hara hachi bu”. En la mesa, antes del primer bocado, quien la pronuncia se recuerda a sí mismo parar al 80% de saciedad. En Okinawa es un gesto cotidiano; fuera de Japón, una forma nueva de mirar el plato. La historia que recogió Pulzo muestra cómo un hábito simple puede devolver calma y control.

Quien lo adopta no transforma su cocina de la noche a la mañana. Empieza por servirse menos, masticar con atención y dejar que el cuerpo hable. Descubre que no hace falta el último tenedor para quedar bien; que una pausa de 10 minutos basta para que la señal de saciedad llegue a tiempo.

En hogares donde la comida se compartía con prisa, el ritual abre un espacio distinto: conversación, respiración, platos más vivos en verduras y proteínas sencillas. Aparecen los salteados con tofu, las sopas claras, el pescado de mercado; el postre se vuelve ocasión, no costumbre diaria.

Los cambios no son heroicos, pero acumulan: menos pesadez, mejor sueño, menos antojos tardíos. Quien corría del trabajo a la cena ahora planifica colaciones de fruta o frutos secos para no llegar con hambre voraz. Y si el estrés aprieta, se recuerda poner el freno antes de servirse de nuevo.

La pauta no compite con dietas extremas: las esquiva. No promete bajar en una semana lo que costó meses, ni siembra culpa. Es una guía amable que se ajusta al día: hay entrenamientos, celebraciones y días difíciles; el 80% no es una cárcel, es un norte.

En barrios donde la pantalla se adueñó de la mesa, hara hachi bu invita a apagarla. Comer se convierte en un acto presente, donde el tamaño del plato, el orden del bocado y la pausa importan. La sensación de control gana terreno: comer deja de ser una lucha.

Quienes lo prueban cuentan que la tarde rinde más, la digestión agradece y el humor acompaña. Se descubre que el sabor no está reñido con la medida; que un caldo vegetal reconforta tanto como el plato rebozado; que la segunda porción puede esperar.

En celebraciones, el ritual se traduce en compartir: un poco de todo, sin exceso de nada. En la semana, en constancia: compras conscientes, preparaciones simples y el recordatorio japonés antes de comer. Paso a paso, el hábito echa raíces.

De eso trata esta pauta: de respetar el cuerpo y sus señales. De poner un alto suave antes del exceso. De ganar, con pequeños gestos, una relación más serena con la comida.

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