Una familia fue arrollada al caer la noche del sábado.
“Yo a mis hijos los amaba…”, alcanzó a decir Jorge Arturo antes de quebrarse. Era sábado, casi a las ocho de la noche, cuando un taxi se abalanzó sobre una familia que cruzaba la calle en La Sierra. En segundos, el barrio se llenó de gritos y sirenas. Once personas quedaron heridas; cuatro eran niños.
Los videos muestran al vehículo descender sin control, arrasando con peatones y motocicletas. Afuera de la casa impactada, vecinos improvisaron auxilios. “Estefanía tiene muerte cerebral, Martín está igual”, contó Heidy Miranda, familiar que no deja de apretar el celular, pendiente de los partes médicos.
En urgencias, las camillas iban y venían. A la bebé de cuatro meses la subieron primero; otros dos adolescentes tenían trauma craneoencefálico severo. El taxi, de placas VDW626, quedó chocado contra una fachada; su conductor, de 56 años, fue capturado tras confirmar grado II de embriaguez.
En el Hospital Santa Clara y La Victoria se formaban grupos de oración. “Si es de Dios que no estén más con nosotros, se los entregó”, repetía Jorge Arturo, con la mirada perdida. Afuera, los vecinos hablaban de la pendiente, de la esquina peligrosa, de que “algún día tenía que pasar”.
La tragedia puso sobre la mesa preguntas viejas: ¿sirven los controles? ¿Quién vigila a los reincidentes? El taxi arrastraba comparendos por exceso de velocidad y paradas indebidas, datos que hoy duelen como advertencias no atendidas.
En el CAI cercano, los uniformados repetían el parte: 11 heridos, investigación a cargo de la Fiscalía. En el barrio, sin embargo, la cuenta es otra: niños sin despertar, vecinos que no quieren cruzar, padres que temen a la noche.
La comunidad reclama operativos nocturnos, reductores de velocidad y pasos peatonales protegidos. Si algo dejó claro este sábado es que el peatón sigue siendo el más vulnerable cuando el alcohol y la velocidad se cruzan en el camino.
“Que no vuelva a pasar”, piden todos. Detrás de esa frase hay médicos agotados, familiares en vela y una ciudad que observa. La historia ahora transcurre entre salas de UCI y diligencias judiciales.
Colectivos de seguridad vial exigieron sanciones ejemplares y protocolos de control específicos para servicios públicos en fines de semana. La Secretaría de Movilidad anunció acompañamiento a víctimas y revisión de puntos críticos en San Cristóbal.
La Policía de Tránsito insistió en la tolerancia cero al alcohol al volante y en reforzar los controles en franjas nocturnas. La Fiscalía abrió investigación penal y recolectó evidencia de cámaras.
En La Sierra, el eco de los frenos quedó grabado en los muros. La ciudad espera que la justicia responda y que las calles dejen de ser una ruleta.
