Una trayectoria tejida entre comunidad, reciclaje urbano y aula.
Daniel Feldman aprendió a leer ciudad entre patios de carga y fachadas de ladrillo. Desde la Zona Industrial de Bogotá, convirtió un taller en laboratorio de ideas: ZITA. Allí, entre maquetas, planos y conversaciones con vecinos, fue hilando una forma de hacer arquitectura que mezcla diseño, memoria y calle.
Su nombre acaba de entrar al 40 Under 40 North America del World Architecture Festival, una curaduría que celebra a 40 arquitectos jóvenes del continente. En noviembre, su trabajo se verá en WAF Miami, un escaparate que lo conectará con colegas, críticos y clientes.
Egresó de Los Andes, cruzó por Harvard y volvió al territorio. En entrevistas, resume su norte con una frase sencilla: “busco que la obra construida genere dignidad para la sociedad”. De ahí su fijación por escuelas rurales, centros comunitarios y espacios públicos que hacen ciudad desde lo cotidiano.
ZIBo —450 hectáreas de reconversión— le dio escala a esa obsesión: pensar el futuro de un cinturón industrial con vivienda, verde y mixtura de usos. No es un render para la pared: es un proyecto de ciudad que pide tiempos, reglas y alianzas.
El premio de Jóvenes Arquitectos en la Bienal de Venecia marcó un antes y un después. Lo puso en radares internacionales y confirmó que la periferia también produce arquitectura de referencia.
En Miami, el Top 40 tendrá su propia exhibición y un panel. Feldman llega con una mochila llena de planos y un reto concreto: convertir aplausos en licencias, obra pública y vivienda digna.
El doble anclaje Bogotá–Nueva York le ha servido para tender puentes. En la orilla de Queens, ZITA conversa con reconversiones portuarias y culturales; en Bogotá, con bodega, ladrillo y memoria obrera.
¿Qué cambia con un reconocimiento? Si hay ecosistema, mucho: inversión, alianzas, transferencia de conocimiento. Si no, aplausos que se diluyen. El caso Feldman abre una grieta por donde puede pasar aire fresco.
En academias y despachos celebran al arquitecto bogotano. También recuerdan que la mejor medalla es una acera nueva, un árbol que da sombra, una ruta segura para niños camino al colegio.
El mapa está trazado: comunidad, patrimonio, mixtura y verde. Falta recorrerlo con botas de obra. La historia sigue en construcción.
