Una despedida íntima que abrió un debate público.
Raúl Ocampo ofreció una reconstrucción íntima y precisa de la mañana en que murió Alejandra Villafañe. El actor relató que volvió temprano de montar bicicleta y, antes de salir a una sesión de quimioterapia, intentó convencer a su pareja de desayunar para mantener sus defensas. La actriz estaba en la sala junto a su madre y una enfermera.
Poco después, una llamada a las 11:11 se convirtió en el primer punto de alerta. Ocampo recordó que, tras cortar, entró al cuarto y vio a la enfermera tomarle el pulso a Villafañe. La atmósfera cambió: ya no era una mañana de rutina, sino de decisiones silenciosas.
El actor describió un episodio cardiorrespiratorio y su reacción inmediata: sostenerla, recostarse detrás y hablarle al oído. Se aferró a una idea extendida por profesionales: el oído es el último sentido en desconectarse. “Te amo”, “estamos bien”, fueron frases que eligió para acompañarla.
En cuestión de minutos, la escena sumó gestos de cuidado. Una amiga médica llegó a la casa y, con discreción, le cerró los ojos a Alejandra. Ocampo decidió permanecer unos instantes en silencio, aún dentro de la habitación, como quien señala el final de un trayecto y el inicio del otro.
El siguiente hito ocurrió en la terraza. Ocampo recordó una invitación reciente de Alejandra: “¿Quieres ver el atardecer?”. Ascendió, abrió los brazos y se despidió con un “chao, mi amor”. Ese ritual breve se transformó en su manera de procesar el final.
La cronología incluye también lo cotidiano: la conversación sobre los huevos que ella no quería comer, el plan de salir a la quimioterapia, la presencia de la madre, la enfermera y amigos cercanos. Esa normalidad interrumpida proyecta la dureza de los tratamientos oncológicos en casa.
La confirmación del fallecimiento de Villafañe —a los 34 años, en octubre de 2023— reavivó homenajes y mensajes de apoyo en la comunidad artística. Ocampo, figura reconocida por su paso por “MasterChef Celebrity”, eligió contar la historia en un pódcast que promueve la vulnerabilidad masculina.

*Imágen de referencia
El testimonio, por su orden y detalle, ofrece una bitácora emocional: decisiones pequeñas, palabras escogidas y un cierre simbólico. En paralelo, especialistas consultados por diversos medios subrayan que rituales como hablar al oído o despedirse con calma favorecen procesos de duelo.
El recuento generó solidaridad en redes y comentarios de profesionales de salud mental, que valoraron el enfoque en el cuidado y la despedida digna. La audiencia encontró en la línea de tiempo una forma de comprender lo ocurrido sin caer en el morbo.
Productores y periodistas destacaron la pertinencia de registrar los hechos en orden, como herramienta para abordar historias sensibles con rigor informativo y empatía, especialmente cuando provienen de voces públicas.
La cronología de Raúl Ocampo confirma que las despedidas se componen de gestos mínimos y decisiones conscientes. Su relato ordenado ayuda a entender el dolor sin amplificarlo y a reconocer el valor del cuidado en el final de la vida.
