Un segundo de genio y todo cambió.

En la primera repetición parecía un contraplano de cine: Luis Díaz cae, protege la pelota y, casi de rodillas, mete un pase limpio a Raphaël Guerreiro. Gol. El Allianz ruge. Desde ese instante se presiente que el partido ya no será el mismo. Más tarde, cuando el reloj cruzaba los 90, el colombiano se eleva y cabecea el 2–1. Faltaba el 3–1 de Jackson para la catarata final.

A veces una carrera cambia en un gesto. La asistencia de Díaz, viralizada en segundos, muestra lo que le trajo hasta aquí: control en espacios cortos, descaro y ese instinto para elegir la mejor decisión aunque el cuerpo diga lo contrario. En Colombia y Alemania circula el clip con una etiqueta común: “genialidad”.

El Bayern había empezado a contramano: gol de Hountondji para St. Pauli. Pero el empate de Guerreiro, obra y arte de Díaz, cambió la marea. Kompany pidió calma; Kimmich, precisión. Llegó el centro perfecto y el cabezazo que desató el canto. Líderes otra vez.

Desde su presentación, Díaz colecciona cifras: 18 aportes de gol en 19 partidos. Lo suyo no es ruido, es consistencia. Cada desborde suma metros; cada decisión, puntos. En la grada, banderas de Colombia y una certeza: hay conexión.

En redes, la jugada se excavó como meme, tutorial y ovación. En el vestuario, apenas un abrazo silencioso con Guerreiro y la broma de Kimmich: “¿También sabes asistir acostado?”. Se ríen. El futbol también es eso. 

Una asistencia en el suelo y un cabezazo en el cielo. Dos postales para explicar la misma historia: la de un jugador que, cuando el Bayern lo necesitó, encontró el camino entre piernas y segundos. Mañana habrá otro partido. 

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