En barrios y veredas crece la expectativa por el “cómo” y el “cuándo”.
Desde la ventana de un apartamento en Fontibón, Ana mira el cauce que corta la ciudad. Hace años su familia aprendió a vivir con alertas por lluvias y olores del río. “No es solo un mapa —dice—; es nuestra rutina”. Como ella, miles de personas siguen el calendario del CECH, que aplazó para el 2 de diciembre la conclusión de las directrices ambientales de la Sabana.
La sesión más reciente dejó avances técnicos, pero también una certeza: la decisión necesita actas blindadas. La EAAB pidió tiempo para revisar transcripciones y que cada intervención quede en el papel. En la orilla, la gente solo pregunta cuándo llegarán cambios visibles: menos vertimientos, rondas protegidas y obras que no le den la espalda al agua.
Las directrices proponen ordenar usos en zonas de ronda, frenar ocupaciones riesgosas y restaurar humedales. También, cuidar acuíferos y aves que sobrevuelan la Sabana. Todo eso se traduce en senderos, barreras naturales contra inundaciones y mejores estándares para construir.
Conductores y comerciantes ven con inquietud los posibles ajustes a troncales, líneas férreas y proyectos urbanos. Temen demoras y sobrecostos. “Que nos digan con claridad”, pide un maestro de obra, “para no rediseñar a última hora”.
Autoridades ambientales defienden que la Sabana solo será habitable si se garantiza seguridad hídrica. Plantean restauración por fases y monitoreo permanente. El Distrito pide coordinación fina con los POT y cronogramas realistas.
El CECH reúne entidades, expertos, municipios y ciudadanía. Las actas contarán esa polifonía: así se sabrá qué se acordó y qué quedó como tarea. La conclusión de diciembre será la bitácora compartida para avanzar.
Otras ciudades aprendieron que invertir en riberas y saneamiento trae alivios cotidianos: menos olores, menos enfermedades, más espacio público. Para la Sabana, esa promesa empieza por respetar las zonas del agua.
Cuando llegue la conclusión, se abrirá la puerta a obras verdes, licencias más estrictas y un cronograma de transición. No será de un día para otro, pero sí marcará una dirección.
Las reacciones ya se sienten: ambientalistas celebran que el énfasis sea el agua; empresarios piden certidumbre y plazos; vecinos quieren señales tempranas en los barrios. Todos miran al 2 de diciembre como el punto de partida.
Cerrar actas no es burocracia: es dejar huellas claras para cumplir. La Sabana espera que el veredicto convierta las promesas en obras y las obras en alivios.
