Testigos relatan el pánico y la llegada de socorristas.

“Fueron segundos”, cuenta un comerciante de la carrera 77. “La moto se pegó a la ventana y sonaron varios tiros”. El viernes, a las 9:21 p. m., el rugido de motores y sirenas se apoderó de La Iguaná. Adentro del carro quedó herido Mauricio Vanoy Bohórquez, 42 años, sobrino de Ramiro “Cuco” Vanoy. A su lado, una mujer con una lesión en la mandíbula pedía ayuda.

Vecinos corrieron a cerrar locales y bajar cortinas. El tráfico se detuvo. A los pocos minutos, patrullas y socorristas aseguraron la escena. La mujer fue estabilizada en el sitio y, junto a la víctima, trasladada al Hospital Pablo Tobón Uribe. Horas después, a ella le dieron salida; él fue ingresado a UCI.

Mientras avanzaba el operativo, llegó la noticia: en Betania, comuna 13, apareció una motocicleta que, según las primeras pesquisas, habría sido usada en el atentado. Para muchos, fue la confirmación de algo que temían: la ruta de escape hacia las laderas de San Javier.

En los pasillos del hospital, familiares aguardan partes médicos. La historia clínica es reservada. Afuera, el murmullo de periodistas y curiosos recuerda que el apellido del herido lo convierte en noticia, una carga que también arrastra recuerdos de otros ataques a parientes de su tío.

A pocas cuadras, el barrio amaneció con cintas de criminalística y marcas de tiza. El parabrisas perforado y los casquillos recogidos quedarán como piezas de un rompecabezas que ahora arma la Fiscalía. La hipótesis minera en el Bajo Cauca ronda en voz baja entre quienes lo conocieron.

Esa noche, La Iguaná volvió a lo de siempre: luces de buses, vendedores y motos. Pero los vecinos no olvidan. “La calle se queda con el eco de cada disparo”, dice una residente. La comunidad pide más controles a parrilleros y presencia sostenida, no solo tras el susto.

La ciudad, otra vez, mira a sus corredores. La investigación deberá aclarar si este ataque reaviva una vieja cadena de retaliaciones. Por ahora, el diagnóstico médico de la víctima y las pistas de la moto marcarán el compás de las próximas horas.

El hospital confirmó atención prioritaria y reserva informativa. La Policía y la Alcaldía reforzaron presencia en el sector y pidieron a la ciudadanía aportar videos y datos que contribuyan a identificar a los autores.

Organizaciones barriales solicitaron controles nocturnos y acompañamiento psicosocial para testigos que presentaron ansiedad tras el hecho. Comerciantes esperan que el flujo retorne sin nuevos cierres.

La vida en La Iguaná sigue, pero con una pregunta abierta: ¿quién ordenó el ataque y por qué? La respuesta llegará con la investigación. 

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