La denuncia de “contabilidad falsa” golpea donde más duele: la atención.

En la sala de espera, Luz Marina lleva dos horas con una orden de control posquirúrgico. En su celular, el video del expresidente Álvaro Uribe corre de chat en chat: “encontraron contabilidad falsa en la Nueva EPS”. Ella no sabe de balances, pero sí de citas aplazadas. El anuncio de una marcha el 21 de enero le suena más a calle que a papeles.

Uribe apela a símbolos: “defender las banderas y el honor”, “traer el voto en la mano”. Sus palabras conectan con la ansiedad de quienes han visto cómo la intervención de la Nueva EPS convive con filas, tutelas y reclamos por pagos a hospitales. Del otro lado, el Gobierno dice que intervino para proteger a los usuarios y enderezar cuentas.

El exmandatario también cruzó fronteras: cuestionó la política con Israel, ató la economía al vaivén diplomático y habló de no convertir al país en “narodikistán” ni en “laboratorio fascista”. En grupos de pacientes, la consigna es otra: que no se rompa el tratamiento, que la remisión llegue a tiempo.

De aquí a enero, la historia se escribirá entre consultorios y plazas. Líderes opositores preparan la logística para movilizaciones “pacíficas pero firmes”; organizaciones sociales piden que nada interrumpa servicios críticos. Mientras tanto, clínicas y proveedores siguen contando días para recibir pagos.

La pregunta que flota es simple y a la vez enorme: ¿habrá pruebas de la “contabilidad falsa”? Si las hay, vendrán sanciones y cambios de timón; si no, el ruido político habrá dolido justo donde más duele: en la confianza de los usuarios.

Cuando caiga la tarde del 21 de enero, el saldo se medirá en dos tableros: el de la calle y el de la atención en salud. Y Luz Marina, como millones, esperará que la próxima cita no se mueva.

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