Tres heridos leves, decenas de testigos y una vía en silencio.
Primero fue un golpe seco. Luego, el coro de frenos, gritos y gente corriendo. En segundos, la Av. 80, a la altura del Éxito de Robledo, se transformó en una escena que nadie quería vivir: 12 vehículos golpeados, vidrios en el asfalto, un bus fuera de la calzada y un carro irreconocible. Tres personas terminaron en camilla con lesiones leves.
Una volqueta amarilla bajaba cargada —unas 17 toneladas— cuando, según la hipótesis, perdió los frenos. El primer choque arrastró a los demás. Entre el ruido, hubo manos que abrieron puertas trabadas y voces que pedían ambulancias y espacio para los bomberos.
El secretario de Movilidad, Pablo Ruiz, llegó al sitio. Habló de tres lesionados —el conductor de un bus y dos ocupantes de un particular— y de un auto en pérdida total. “No son graves”, repitió, mientras agentes señalizaban y tomaban medidas.
La vía se cerró por horas. Algunos vecinos llevaron agua; otros prestaron teléfonos. En redes, los videos corrieron más rápido que el tráfico, y muchos reconocieron la esquina, el puente peatonal, la parada del bus.
No es la primera vez que Medellín se mira en este espejo: 2025, 2022, otros choques con volquetas sin frenos dejaron lecciones más duras. Hoy, por fortuna, el parte médico es alentador. Mañana toca decidir cómo evitar el siguiente susto.
La Alcaldía anunció operativos técnicos y pedagogía para el tránsito pesado. El peritaje dirá si fue la mecánica, la ruta o el tiempo lo que falló. Lo cierto es que el susto unió a desconocidos durante una tarde.
Robledo volvió a moverse cuando levantaron las vallas, pero el eco del estruendo seguirá unos días. La ciudad puede aprender de este susto: revisar, corregir, cuidar.
