El pueblo prepara homenajes sin cuerpo presente.
En Cimitarra, a Dariel le decían que en diciembre volverían a abrazarlo. La familia hizo cuentas con el pago que recibiría en Ucrania y con los planes que habían quedado en pausa. La promesa se rompió el 16 de noviembre, cuando un dron impactó la trinchera donde combatía.
La llamada no llegó. En su lugar, una confirmación seca: no habrá repatriación. El cuerpo quedó en zona controlada por Rusia y la familia deberá despedirse sin despedida.
Dariel Alonso Giraldo Morales, 39 años, exmilitar, se enlistó en junio. “Quería estabilidad y volver a ponerse el uniforme”, cuenta su hermana Yamile Andrea. También quería enviar dinero a casa.
“Nos dijo que las misiones eran muy peligrosas”, agrega. Pidió la baja, pero según le informaron, “no se la dieron porque lo consideraban valioso”. La familia siguió rezando para que aguantara unas semanas y volviera.
El dron lo sorprendió en la trinchera. No hubo rescate. El frente cambió de manos y la línea quedó del lado ruso. En ese mapa, los cuerpos no vuelven.
Ahora, la casa en Cimitarra huele a café reciente y a silencio largo. “Íbamos a hacerle una comida cuando llegara”, dice un primo. En vez de eso, organizan un homenaje en la parroquia y un altar con su foto.
La familia preguntó por la repatriación y recibió un no que no tiene culpables cercanos: sin cuerpo, no hay traslado, no hay ataúd, no hay vuelo que traer.
En el pueblo, el caso de Dariel no es el único. Ya varios santandereanos han muerto en Ucrania. Cada nombre trae un barrio, una escuela, un balón. La comunidad prepara coplas y banderas para un duelo compartido.
La guerra de drones y trincheras cambió la manera de morir y de volver. A veces ya no se puede. A veces el funeral es una vela frente a una pantalla.
“Nos queda honrarlo aquí”, concluye Yamile. “Y que nadie nos quite su memoria”.
El caso conmueve a Cimitarra y a Santander. Autoridades locales gestionan acompañamiento psicosocial y la comunidad organiza homenajes. La Cancillería mantiene orientación a la familia, aunque el rescate de restos no sea posible.
El debate sobre colombianos en guerras ajenas regresa con fuerza: ofertas económicas, contratos opacos, riesgos crecientes. Quedan preguntas que el dolor no responde.
Dariel no volverá en diciembre, pero volverá en las historias que lo nombra su gente. En la pared quedará una foto y una banderita amarilla, azul y roja.
