Bayern reordena su ataque mientras espera la apelación.
El reloj marcaba el final del primer tiempo cuando Luis Díaz vio cómo la pantalla del estadio congelaba su barrida. Una amarilla que se transformó en roja directa y el murmullo del Allianz. Del vértigo al silencio en segundos: el colombiano, rostro serio, caminó hacia la bocana mientras Achraf Hakimi salía en camilla.
Días después, el veredicto: tres partidos de suspensión en la Champions League. En el Bayern, donde su irrupción había sido eléctrica, la noticia cayó como un cubo de agua fría. Los números, 11 goles y 5 asistencias, contaban una historia; el parte médico de PSG contaba otra.
En privado, el vestuario pidió pasar la página. Vincent Kompany habló de control emocional y de proteger el plan colectivo. Hay fútbol para reemplazar, sí, pero no siempre hay sustituto para la chispa. Los nombres suenan: Gnabry, quizá un falso extremo, o variaciones con perfiles más asociativos.
Díaz envió un mensaje de ánimo a Hakimi y evitó dramatizar. Los suyos lo conocen competitivo, de respuestas rápidas; ahora toca aprender a esperar. Los tres partidos pesan más en la cabeza que en las piernas, y la Champions no perdona la inercia perdida.
La sanción también dejó un debate: ¿dónde está el límite entre la intensidad y la temeridad? El VAR mostró el tobillo girando, y en la cabina no dudaron. El tribunal de UEFA fue en la misma línea. Criterios que quieren proteger más que castigar, dicen; el mensaje salió claro.
Mientras tanto, PSG contabiliza semanas sin su lateral. Cuando la camilla avanzó, también lo hizo la preocupación por el calendario. El comunicado habló de esguince severo. El fútbol moderno no duerme: partido, avión, recuperación, y otra vez.
En Múnich, los días se vuelven rutina de entreno y pizarras. El colombiano apura sesiones, toma notas, ve clips. La conversación ahora es cómo volver: sin rencor, con la misma valentía, pero con el timing más fino.
El club estudia si apelar. Saben que no es fácil. Los precedentes rara vez se mueven cuando hay lesión y el golpe es claro. Lo que sí puede moverse es el libreto táctico, las sinergias nuevas, las combinaciones que nacen del apuro y se vuelven soluciones.
Reacciones. En Alemania piden equilibrio: ni demonizar al jugador ni minimizar la falta. En Francia reivindican la seguridad como primer mandamiento. En Colombia, el eco es humano: que se levante, que vuelva mejor.
La Champions a veces enseña a base de cicatrices. Y también de segundas oportunidades.
