Su esposo confirmó cáncer y la reacción al tratamiento.
La noticia llegó con la sobriedad de quienes entienden los finales: Elizabeth Franz murió el 4 de noviembre en Woodbury, CT. El parte, confirmado por Christopher Pelham, habló de cáncer y de una reacción severa al medicamento. Afuera, el otoño cerraba cortinas; adentro, el teatro tomaba asiento para despedirla.
En Broadway su nombre siempre encendía una expectativa: escucha, pulso, verdad. Por eso su Linda Loman en Death of a Salesman se convirtió en referencia. En 1999, Tony no solo premió un rol: reconoció una manera de mirar al otro en escena.
Franz no temía a los silencios. Aparecía en TV Gilmore Girls, Grey’s Anatomy, Law & Order con ese sello de actriz que sostiene una trama desde la humildad artesanal. Muchos la descubrieron ahí; otros la seguían desde Chicago, donde se afinó la producción que la consagraría.
Nacida en Akron, atravesó décadas de tablas, luces y camerinos. Construyó personajes con firmeza y ternura, una mezcla que el público no olvida. Cuando volvía a Linda en la versión televisiva del 2000, su gesto contenía una historia completa.
Hoy, productores, críticos y colegas mencionan su generosidad y su capacidad para convertir una réplica mínima en una llave emocional. No todos los días se va una actriz así; no todos los días el teatro se queda un poco más solo.
Se esperan homenajes durante la temporada teatral y reconocimientos póstumos en circuitos regionales. En escuelas de artes, su Linda seguirá como materia de estudio.
Para la audiencia de TV, queda el consuelo de volver a verla en capítulos que resisten el tiempo. La memoria audiovisual también es un escenario.
La función terminó, pero el eco de Elizabeth Franz persiste donde hay una luz cálida sobre un rostro que escucha. Ahí está su marca.
