Gremios piden leyes y cifras; los hogares hacen cuentas finas.
En los pasillos del Ministerio de Trabajo, un número empezó a repetirse: $3.000.000. Llegó desde un documento de la OIT que estima cuánto necesita una familia de cuatro para vivir con dignidad. Antonio Sanguino lo citó, no como propuesta, sino como espejo de las carencias que millones sienten en el mercado y en los recibos del mes.
Por otro lado, empresarios pidieron cabeza fría: la ley manda mirar inflación, productividad y PIB. Entre ambos mundos laten historias de asalariados que estiran cada peso y de negocios que hacen cuentas para pagar nómina sin ahogarse.
La cifra que interpela
El umbral de la OIT no promete milagros. Ofrece una vara para medir la distancia entre lo que entra al bolsillo y lo que cuesta sostener un hogar. En 2025, el mínimo es $1.423.500 más $200.000 de transporte; el resto lo suplen horas extra, ventas informales o renuncias silenciosas al consumo.
La mesa y el calendario
El 1 de diciembre comenzará la carrera contra el reloj. Si no hay acuerdo al 15, vendrán sesiones extraordinarias; al final, quedará la puerta del decreto. En 2025 ya pasó.
Voces y temores
Para los sindicatos, hablar de “salario vital y móvil” es recuperar el espíritu constitucional. Para los gremios, poner un número sin método calienta expectativas y riesgos. En el medio, hay familias que temen que cualquier aumento se diluya en nuevas alzas de precios.
El método importa
El Convenio 131 recuerda que el salario mínimo debe mirar necesidades y realidad económica. Sin recetas mágicas, la mesa deberá cruzar cifras del DANE, proyecciones de Hacienda y señales del Emisor.
Lecciones recientes
El ajuste por decreto en 2025 dejó un aprendizaje: sin acuerdo, la conversación pública se polariza y el mercado laboral resiente la incertidumbre.
Lo que está en juego
No es solo una cifra. Es la capacidad de compra, la planificación de las empresas y la confianza de un país. Si $3 millones llegó para quedarse como horizonte, la ruta para alcanzarlo será gradual y, sobre todo, concertada.
Aliadas llamó a blindar el proceso con técnica y ley. Dirigentes sindicales celebraron que se nombre la dignidad en la mesa. En redes, el número despertó ilusión y escepticismo a partes iguales.
Analistas advierten que una señal equilibrada ayuda a la reducción de la informalidad; una sobrerreacción, en cambio, puede encarecer la contratación.
La negociación de diciembre medirá si la política y la economía pueden hablar el mismo idioma. $3 millones es un norte; el camino exige acuerdos creíbles.
