Cinco tenían alerta amarilla de Interpol

En los pasillos del hotel de Yarumal, el silencio se rompió con chalecos verdes, brazaletes y carpetas. Eran 26 en total, con 17 menores y nueve adultos. Para cinco niños, el eco de sus nombres ya sonaba en Interpol. Ese dato bastó para que los equipos de Migración, Gaula Militar e ICBF aceleraran el protocolo de protección. 

Los funcionarios describen semanas de seguimiento a una comunidad extranjera que se movía en discreción. Habían llegado desde Nueva York a finales de octubre, en siete familias, y buscaban un lugar aislado en Antioquia. El operativo debía ser quirúrgico: intervenir en hotelería, antes de que existiera un compuesto con barreras. 

Tras el ingreso controlado, los menores pasaron a valoración médica y psicológica. El ICBF tomó la vocería de su custodia temporal para restaurar derechos, mientras que Migración validó identidades y estatus. La prioridad era escuchar sin exponer, proteger sin ruido. 

El nombre Lev Tahor trae expedientes de Guatemala, México y Estados Unidos, con historias de operativos y procesos judiciales. Esa memoria reciente encendió las alarmas en Colombia y dio marco a decisiones preventivas, no punitivas. 

En Yarumal, vecinos vieron entrar a las autoridades y apenas entendieron que se trataba de niños extranjeros. Horas después, la conversación en el parque principal giraba sobre controles de frontera y cómo llegaron. La respuesta oficial: ingresaron legalmente, pero había alertas. 

Al cierre del día, los niños ya estaban en ruta de protección. Para ellos, Yarumal fue una escala corta; para Colombia, un test a sus protocolos de niñez migrante y su capacidad para actuar a tiempo. 

La historia no termina en el hotel. Sigue en consultorios, despachos y consulados donde se decidirá el futuro de cada niño. Lo urgente ya ocurrió: ponerlos a salvo. 

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