Autoridades activan “Soy Antipólvora” y vigilancia intensificada.
El timbre de urgencias no se detiene. En la Unidad de Quemados del San Vicente Fundación, una médica mira el tablero: 100% de ocupación en adultos, 80% en pediatría. Afuera, noviembre aún no termina. Antioquia ya suma 68 lesionados por pólvora y falta la Alborada, esa medianoche en que el Valle de Aburrá se convierte en un cielo de luces… y en una fila de camillas.
“Lo que más vemos son rostro, brazos y piernas”, dice una enfermera, mientras un padre sostiene la mano de su hijo. “Era una chispita; no creímos que fuera peligroso”. La historia se repite con totes, papeletas o voladores. La Secretaría de Salud y la Gobernación lanzan de nuevo “Soy Antipólvora” y piden no usar pirotecnia. Esta vez, insisten, la prevención sí puede cambiar el diciembre.
Entre el 1 de diciembre y el 17 de enero, habrá vigilancia intensificada por quemaduras y fósforo blanco, además de controles por licor adulterado. Medellín concentra la mayoría de casos. Si llegan más pacientes graves, habrá traslados a otros departamentos: un viaje más largo para el dolor, un reto extra para el sistema.
En 2024, 149 personas en Antioquia cerraron el año con cicatrices; 41 eran menores. La campaña se enfoca en niños de 8 a 12 años: videojuegos, cuentos, cartillas, docentes aliados. La apuesta es que ellos lleven el mensaje a sus casas: celebrar sí, pero sin pólvora.
El ruido también desordena la vida de perros y gatos. La Gerencia de Protección y Bienestar Animal habla de picos del 10–15% de muertes súbitas en la Alborada. Recomendación: resguardo, compañía y evitar la exposición. La fiesta no debería costarle la vida a nadie.
Alcaldías del Valle de Aburrá anuncian controles y decomisos. En el hospital, especialistas recuerdan que una quemadura severa no termina con el alta: vienen curaciones, injertos, rehabilitación y manejo emocional. La prevención ahorra camas, dinero y lágrimas.
Colectivos barriales y grupos animalistas organizan alternativas sin pólvora: luces, música y encuentro. A fin de cuentas, la Navidad es compañía; el resto, dicen, es ruido.
Antioquia llega a diciembre con alerta encendida. La decisión está en cada familia: no a la pólvora, sí a la vida.
