Una declaración para frenar la espiral
“No hay espacio para la violencia”. La frase apareció en un comunicado del Frente Institucional Militar (FIM) y, de inmediato, muchas familias la compartieron en sus chats. Entre ellas, la de Rosa, maestra en Caracas, que alterna horas de apagón con trabajos extra para completar el mercado.
El FIM, integrado por oficiales en retiro, pidió respetar el voto del 28 de julio de 2024 y abrir una transición. Para Rosa, que ha visto partir a dos hijos al exterior, la palabra “transición” suena a posibilidad: servicios que funcionen, salarios dignos, escuelas abiertas.
El comunicado también advierte sobre la guerra irregular, un fantasma que recorre conversaciones y titulares. Los militares retirados recuerdan que sin apoyo popular no hay enfrentamiento que prospere. Piden responsabilidad a quienes se oponen a la mayoría.
Tras las elecciones, las calles volvieron a llenarse: pancartas, cacerolas, banderas. La policía antimotines retiró barricadas; los vecinos miraron desde ventanas. El ciclo venezolano se repite: movilización, duras palabras y poca certidumbre.
Los firmantes del FIM, con nombres y grados que remiten a cuarteles, academias y desfiles, insisten en procesos civiles y pacíficos. Su mensaje dialoga con organizaciones sociales que piden alivios y con expertos que recomiendan estabilizar la economía.
En los barrios, la inflación se siente en porciones: un kilo menos de proteína, una ruta de bus cancelada, una medicina que no llegó. Las remesas sostienen la compra del mes. Las madres calculan: “¿alcanza?”.
En ese clima, el FIM dice que el Soberano ya habló. La consigna choca con la narrativa oficial, que defiende su legitimidad. Entre relatos cruzados, la gente busca señales: un acuerdo, un gesto, una fecha.
Los próximos días dirán si el comunicado fue llamado o punto de giro. Si otros actores lo amplifican, puede convertirse en ruta. Si no, quedará como otra pieza en la colección de promesas diferidas.
Organizaciones civiles valoraron el tono anti-violencia del FIM. Voces cercanas al oficialismo respondieron con acusaciones de desestabilización y recordaron ejercicios militares y lealtades.
Para las familias, la pregunta es práctica: ¿cuándo mejorará el agua, la luz, el salario? Una transición creíble debería tocar la vida diaria, no solo el tablero político.
El mensaje del FIM condensa un deseo: cambio sin violencia. Entre la necesidad y la incertidumbre, Venezuela espera señales que hagan posible ese camino.

