La funcionaria denuncia una “infamia” y pide pruebas en tribunales
El mensaje salió temprano: “No existe una sola prueba”. En una mañana de tensión, Francia Márquez enfrentó las cámaras y los titulares que la señalaban a partir de capturas de un chat donde su nombre aparecía entre alias y jefes del EMC. “Usan mi nombre para darse importancia”, dijo, con la gravedad de quien ve su honra en disputa.
En redes, el comunicado corrió rápido. La vicepresidenta dejó claro que ni en campaña ni en su vida pública ha pactado con criminales. Pidió que todo aquel que la acuse lleve evidencias ante la justicia y cuestionó a los medios que amplifican pantallazos sin verificación técnica. El tema, advertía, no es solo político: es personal y de seguridad.
En el origen están archivos extraídos en 2024 a estructuras disidentes. Allí, nombres, voces y frases se mezclan con la bruma de la guerra y sus códigos. El informe televisivo los trajo a la luz con señalamientos graves: menciones a la campaña de 2022 y a presuntos puentes con el EMC. La respuesta del Gobierno fue exigir pruebas y peritajes.
Para Márquez, la línea es nítida: su historia, activismo, luchas étnicas, llegada a la Vicepresidencia, no se mancha con rumores. Repite que jamás se reunió con alias ni testaferros y que su campaña fue respaldada por ciudadanos, no por delincuentes. La defensa busca detener el daño reputacional y mandar un mensaje interno de cohesión.
En la calle, el caso divide. Unos piden investigación a fondo; otros ven un capítulo más de la “guerra de filtraciones” que deja titulares pero pocas certezas. En el centro, la pregunta incómoda: ¿qué es prueba y quién la valida cuando las capturas pueden editarse con un clic?
El ruido no es menor. Tras el quiebre de los diálogos con el EMC, la seguridad en varios departamentos se tensionó y los mensajes cruzados se multiplicaron. Cada pantallazo mueve la agenda, y cada desmentido intenta devolverla a manos de jueces y laboratorios digitales.
“Verifiquen antes de amplificar”, reclamó Márquez a los medios. En el fondo, late la preocupación por su integridad y la de su familia. Una acusación sin sustento puede no solo afectar carreras; también pone en riesgo vidas en territorios donde la palabra “traición” se paga costosa.
El episodio ya empuja a las autoridades a revisar dispositivos y cadenas de custodia. Si los mensajes son falsos o manipulados, habrá que decirlo con evidencia. Si no lo son, tocará asumir las consecuencias. Para la audiencia, el caso es una lección: no todo lo que circula en un chat merece convertirse en verdad pública.
Francia Márquez eligió el camino más largo: el de la verificación. El resto dependerá de lo que digan los peritos. Por ahora, su frase resume la batalla: “No me callarán”.
