Una dirigente de base que se va denunciando violencia política.

El 16 de octubre, Mary Luz Herrán dejó en ventanilla una carta corta y contundente. Allí avisó que se iba de Colombia Humana, el movimiento al que le dedicó años de recorrido territorial, reuniones en casetas comunales y viajes de madrugada.

Pasaron semanas de silencio hasta que, el 25 de noviembre, la dirección aceptó la renuncia. La noticia se supo rápido y con una frase que dolió: “Hubo violencia política en mi contra”. Quienes han trabajado con ella dicen que la decisión maduró entre reuniones tensas y llamadas que nunca llegaron.

Desde la Red Profunda, Herrán empujó la organización en territorios donde las sedes partidarias son una mesa plástica y un megáfono. Allí se ganó un lugar. Allí, dice, dejó de sentir garantías y respeto.

Su nombre pesa por motivos propios y por la historia compartida con Gustavo Petro. Pero esta es una historia de militancia, no de familia: la dirigente que juntaba fichas, tejía nodos y bajaba el debate a los barrios.

El desgaste fue acumulando marcas: disputas por representaciones, silencios en momentos clave y el rumor de que “ya no escuchan a la base”. En su entorno cuentan que insistió en protocolos contra violencia política a mujeres y en reglas claras de deliberación.

Decidió irse y empezar a construir un proyecto propio, con los mismos comités de barrio que la vieron llegar sin escoltas. Habla de puentes con liderazgos sociales, de alianzas que no dependan del día a día y de una política “de abajo hacia arriba”.

Para el Pacto Histórico, su salida es un espejo. Lo que muestra no es cómodo: grietas en la unidad, egos en colisión, procesos a medio hacer. Para la oposición, es munición. Para las bases, una conversación pendiente.

Mary Luz Herrán dice que se marcha para seguir en la pelea, no para abandonarla. Llama a cuidar la palabra empeñada en campaña: más participación, menos roscas.

En chats de militantes hubo despedidas sentidas y reclamos a la dirección. Dirigentes llamaron a “bajar el tono” y tender puentes. Organizaciones de mujeres pidieron no minimizar las denuncias de violencia política.

El Gobierno evitó pronunciarse de fondo. En la coalición, se evalúan impactos en territorios donde la Red Profunda enraizó al movimiento. La pregunta que queda: ¿quién escucha a la base?

Una renuncia abre un camino. Para Herrán, de reconstrucción; para Colombia Humana, de revisión. Si hay escucha, hay futuro. Si no, habrá más cartas. 

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