Camioneros relatan horas de incertidumbre y desvíos.

Eran la 1:00 p. m. cuando los radios en los camiones empezaron a sonar: “volaron la vía”. Quienes ya estaban sobre la troncal al mar apagaron motores. En el Alto de Ventanas, una explosión había arrancado el asfalto de cuajo en el km 42+150. Nadie resultó herido, pero el susto dejó a decenas atrapados en la montaña.

Algunos bajaron de los vehículos y miraron desde lejos. La calzada estaba levantada como si una mano la hubiera empujado desde abajo. La orden fue clara: cierre total y aseguramiento militar. La Policía de Carreteras marcó perímetros; el Ejército peinó la zona.

Para José, conductor de carga, lo duro no fue la espera: fue pensar en la cadena de frío, en el contenido del tráiler, en la penalidad por entrega. “Nos toca dar la vuelta por Caucasia–Zaragoza–Remedios o esperar”, dice mientras mira el reloj.

Horas más tarde, una cuadrilla del Invías midió el hueco, definió rellenos y anunció pare y siga para liberar un carril. Del otro lado, un policía confirmaba que no había lesionados y pedía paciencia: primero la seguridad.

¿Quién fue? En esta zona hay disidencias, Eln y Clan del Golfo. Los investigadores recogieron indicios en el sitio. Por ahora, la consigna es no exponerse y seguir la ruta oficial. La noche llegó con luces azules y amarillas parpadeando sobre el asfalto roto.

La voladura no sólo cortó la vía: alargó la jornada de cientos de conductores, pasajeros y familias que dependen de esta arteria. Entre termos de café y llamadas, la gente se sostuvo en la esperanza de ver pasar la paleta del pare y siga y volver a rodar.

Cuando el paso se restablezca, quedará la marca en el asfalto y el recuerdo de un día en que la montaña habló con estruendo. Lo demás será reconstruir la calzada y la confianza.

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