A veces el peligro llega envuelto en glamour. “Coco Chanel” sonaba a lujo, no a morgue. En flyers y murmullos, el nombre se coló por cabinas de DJ y camerinos. Detrás, una mezcla sin apellido claro, lista para venderse como experiencia.
B-King viajó a cantar; Regio Clown, a pinchar. La noche prometía luces y un público fiel. Nadie firma autógrafos pensando en un final desmembrado y una investigación que apunta a redes que cobraban peajes y vigilaban quién vendía qué, cuándo y a quién.
La pista se llenó; los mensajes circularon: “hay Chanel”. El eufemismo hizo su trabajo: pocos preguntan qué hay adentro cuando el empaque te guiña el ojo. El riesgo se esconde donde hay urgencia por pertenecer.
En Medellín, ya sabían del truco: la marca bonita sirve para vender lo que sea. Observatorios alertaron; algunos escucharon. Otros se dijeron: “a mí no”. La negación es otro ingrediente de la mezcla.
La investigación juntó piezas: promotores, alias, vehículos, cámaras. Un mapa de nombre y barrio: Tepito como frontera de mercado, Cocotitlán como geografía del hallazgo. El brillo del nombre perdió el pulso.
Cuando la familia de B-King lo despidió en Medellín, la ciudad entendió el tamaño del silencio que dejan estos casos. Un crimen con demasiadas manos y una marca que no responde por nadie.
La moraleja no cabe en titulares: hay que decir no a lo desconocido, no al engaño del empaque, no a la cadena que empieza en un sobre y termina en una nota luctuosa. La fiesta no puede costar vidas.
En México y Colombia, las autoridades prometen golpes a las redes y campañas para desmontar el imaginario de lujo. El camino es largo y necesita más ciencia que eslóganes.
La noche seguirá encendiendo parlantes; de nosotros depende que no apague vidas. Llamar a las cosas por su nombre es un comienzo.
Reacciones y consecuencias
El circuito musical pidió cuidado: más seguridad, testeo y protocolos. Colectivos de salud mental recuerdan que el luto por figuras públicas también deja huellas en audiencias jóvenes: hay que hablarles claro.
Familiares de las víctimas exigen verdad y sanción. Las capturas son un paso; el cierre judicial, un deber con los que no vuelven.
Cierre
“Coco Chanel” fue un disfraz. La realidad es una mezcla mortal. Que esta historia no se repita depende de justicia y prevención.
