En torre: prioridad a redundancias y comunicación
El capitán anuncia que cambiaremos de nivel. Afuera, el Caribe luce inmenso y azul; adentro, la pantalla del FMS titila. La tripulación ejecuta la lista de pérdida de GNSS y confirma con control: “procedimientos convencionales activos”. No es una escena de película; es la foto de un cielo que entra en alerta.
La FAA encendió la señal de precaución para operaciones sobre Venezuela y zonas aledañas del Caribe: interferencias GNSS y actividad militar más intensa elevan los riesgos. La instrucción es clara: extremar cuidados en la FIR de Maiquetía y planificar con redundancias.
En cabina, los pilotos repasan la navegación por radioayudas y piden separaciones más holgadas. En la torre, los controladores abren espacio para vectores y priorizan la comunicación positiva. Abajo, los pasajeros solo notan demoras y giros que no estaban en el mapa.
La advertencia rige por 90 días. Desde septiembre, se han reportado pérdidas de señal que “contaminan” el vuelo completo. El manual dice que hay que confiar en lo redundante y aceptar desvíos si la señal no vuelve.
Venezuela no ha anunciado un riesgo directo contra la aviación civil, pero su capacidad militar aviación y defensa antiaérea obliga prudencia. Es, en esencia, un cielo compartido que demanda coordinación.
Para las aerolíneas, la matemática es simple y dura: más millas para evitar la zona o más gestión del riesgo para cruzarla. Para los aeropuertos, la pregunta es si sus ILS y VOR resisten la hora pico si el GNSS se degrada.
Mientras tanto, aplicaciones de seguimiento muestran rumbos distintos a los habituales. En foros de aviación, se leen relatos de alertas EGPWS y reversiones a VOR que hace años no salían del papel.
En las islas, la noticia se comenta entre taxis y maletas: “¿por qué nos desviaron?”. Porque, por ahora, el cielo pide un margen extra.
Pilotos piden briefings conjuntos con proveedores de servicios de navegación; aeropuertos revisan sus plantas y UPS para mantener ayudas en modo degradado.
Si la señal vuelve a ser limpia y las tensiones bajan, el Caribe recuperará sus rutas rectas. De lo contrario, la nueva normalidad será volar con plan B.
