Familia, talento y producción en colisión
La salida del joven Tarik Mebarak del equipo técnico de la gira “Las mujeres ya no lloran” de Shakira ofrece una ventana para analizar cómo funcionan los grandes espectáculos musicales contemporáneos. La decisión refleja tensiones entre factores familiares, operativos y de rendimiento.
Por un lado, Mebarak contaba con cercanía personal con la artista; por otro, el ambiente de giras internacionales exige un alto nivel técnico y profesional que puede chocar con dinámicas familiares.
La cifra de éxito de la gira —más de 2,5 millones de entradas vendidas y más de 327 millones de dólares recaudados en sus primeras 64 fechas— pone en evidencia que el margen para errores operativos es mínimo.
Las giras musicales de alto nivel funcionan como pequeñas empresas móviles: logística, producción, experiencia de usuario, seguridad, imagen de marca y eficiencia. En este contexto, la inclusión de familiares puede aportar confianza pero a la vez riesgos operativos.
El rol que cumplía Mebarak —bienestar para fans— es estratégico en el ecosistema experiencia‑fan: implica coordinar miles de asistentes, responder a imprevistos y mantener estándares definidos. Un “no se manejaba de la manera correcta” señala una divergencia entre su desempeño y los criterios del equipo.
Además, la cercanía personal con la artista puede haber generado expectativas diferentes, menos formales, mientras que la producción demanda protocolos estrictos, horarios, capacidad de improvisación y resiliencia ante la presión.
Las cifras récord de la gira demuestran que el equipo de Shakira está bajo lupa: más de 82 espectáculos confirmados y una de las giras latinas más lucrativas de la historia.
En este marco, desprenderse de un integrante del círculo cercano puede interpretarse como un ajuste profesional, priorizando rendimiento y eficiencia por encima de vínculos personales.
A nivel de marca artística, el mensaje es claro: la producción se toma en serio y no se puede transigir en estándares. Esto puede fortalecer la percepción de profesionalismo pero generar cuestionamientos sobre lealtades y relaciones familiares.
Finalmente, es una oportunidad para reflexionar sobre cómo las figuras públicas gestionan sus equipos y qué implicaciones tiene para su imagen cuando familiares trabajan en roles profesionales visibles o de backstage.
El caso de Shakira y su sobrino evidencia que en el mundo del entretenimiento global no basta con el talento o la cercanía familiar: la eficiencia operativa y la profesionalización forman parte del éxito detrás del escenario.
A medida que la gira entra en su tramo final, este tipo de decisiones puede marcar la diferencia entre un espectáculo notable y uno que tropieza por detalles internos.
