Comunidades, empresas y Estado aceleran una concertación clave.
Una costa que dialoga con el subsuelo
En la bahía, los barcos cortan el azul y la Sierra se recorta al fondo. A 77 kilómetros mar adentro late Sirius, un yacimiento que promete cambiar la historia del gas. Allí, Petrobras y Ecopetrol, ven cifras enormes, 6 TPC, mientras en tierra las familias preguntan cuándo bajarán los precios y cuándo habrá empleo local.
En la Guajira, el mapa no es solo técnico: son 116 comunidades por consultar, derechos ancestrales y expectativas de participación. La ANH y las empresas abren mesas, y cada reunión suma páginas a una historia que ya dejó su huella en Chuchupa y Ballena.
El tiempo, el actor invisible
La industria habla de 2027 para decidir y tres años más para producir. Entre tanto, el país necesita gas y la factura del hogar siente la presión de importaciones. En el papel, 470 MPCD por 10 años suena a alivio; en la práctica, todo depende de licencias, ductos y acuerdos.
Un camino hecho de tuberías y confianza
El gas viajará del fondo del mar a la costa en un esquema subsea to shore y, de ahí, a Ballena para entrar al sistema nacional. Ingenieros miden corrosión, marinos siguen corrientes, y abogados repasan normas. Pero nada avanza sin la venia de quienes habitan la tierra donde llegará la línea.
La ventana 2030–2035
Para asegurar la demanda, las compañías lanzaron una oferta de 249 GBTUD. Es una señal al mercado: “el gas vendrá”. Falta la señal a la gente: empleo, formación, contenido local y beneficios visibles en los municipios del corredor.
El precio de encender la estufa
Producir en aguas profundas es caro; importar GNL, más. La salida es equilibrio: mezclar fuentes y acelerar transporte para evitar sobrecostos. Si el cronograma se traba, el país pagará con tarifas más altas; si fluye, podría ganar aire para una transición sin sobresaltos.
Líderes locales piden que las consultas previas no sean trámite sino diálogo real. Gremios industriales reclaman certidumbre para planear inversiones. El Gobierno promete mesas técnicas y sociales permanentes para ganar tiempo sin perder garantías.
En Santa Marta y La Guajira, universidades y SENA preparan programas para tecnificar jóvenes en oficios offshore. El objetivo: que el gas no pase de largo, que deje capacidades.
La historia del gas del Caribe es, al final, una historia de confianza. Si el país logra unir ciencia, licencia y licencia social, Sirius no será solo una cifra: será energía que enciende hogares y oportunidades.
