Gobierno defiende confianza política en jefaturas.
En un salón de la Academia Diplomática, jóvenes de carrera repasan casos de repatriación y asistencia a víctimas. Muchos ingresaron tras años de estudio de idiomas y concursos. Esta semana, recibieron una noticia que, dicen, les cambia la ruta: un borrador de decreto propone que para ser embajador o cónsul general central no se exijan títulos, experiencia ni idiomas, apenas ser colombiano por nacimiento y mayor de 25.
“Un consulado central no es un mostrador; es el primer refugio de alguien que pierde el pasaporte, sufre una detención o busca repatriar a un familiar”, afirma un funcionario, mientras enumera trámites que requieren pericia normativa y manejo de idiomas. Para los sindicatos ASODIPLO y Unidiplo, el borrador es un “grave retroceso” que desprofesiona el servicio.
Del otro lado, el Gobierno sostiene que las jefaturas son cargos políticos y que la confianza presidencial es el filtro esencial. Asegura que la medida abre el acceso y rompe barreras que han perpetuado desigualdades. Los funcionarios de carrera replican que la diversidad y la inclusión pueden lograrse sin renunciar a estándares mínimos.
En los pasillos del Palacio de San Carlos, la discusión no es abstracta: embajadores negocian visas de estudio, cooperación en salud o acuerdos comerciales. En consulados, las filas combinan historias de migración, urgencias y oportunidades. La pregunta que flota: ¿cómo garantizar calidad sin requisitos verificables?
La controversia trae a la memoria recientes fallos judiciales que tumbaron nombramientos por no respetar prelación de carrera, y el llamado a fortalecer los mecanismos de selección y formación. Más que un tecnicismo, para los usuarios puede ser la diferencia entre un trámite eficiente o un cuello de botella en medio de una crisis.
Si el borrador avanza, el país explorará un territorio de mayor discrecionalidad con necesidad de controles y equipos técnicos de respaldo. Si se archiva, la Cancillería enfrentará el reto de abrir puertas sin sacrificar calidad. Por ahora, en la Academia, las clases siguen. “La diplomacia —dice un profesor— se mide en los detalles”.
