Female consumer purchasing goods at grocery store, walking among shelves

El IPC mensual fue 0,18% y el año corrido 4,74%.

En la plaza de Paloquemao, Marta hace cuentas con la calculadora del celular. Dice que el tomate bajó, pero el almuerzo en la esquina cuesta más. Las cifras del DANE confirman su sensación: la inflación anual llegó a 5,51% en octubre, con restaurantes y hoteles (7,61%) a la cabeza, seguidos por educación (7,34%) y alimentos (6,64%). El mes cerró con 0,18% y el año corrido suma 4,74%.

La cuenta de fin de mes ya no solo depende del mercado. También pesan el corrientazo, el café de media mañana y las clases de los hijos. Aunque el rubro de comunicaciones mostró la menor variación anual (0,69%), el alivio no compensa lo que suben los servicios que más se usan fuera del hogar.

Camilo, mesero en el centro, explica que su restaurante ajustó precios para cubrir insumos y arriendo. “Mantenemos combos para no perder clientes”, dice. La historia se repite en miles de negocios que indexan por costos y salarios. El resultado: los hogares gastan más en experiencias cotidianas.

En los colegios, las familias anticipan matrículas y pensiones. El rubro de educación mantiene el pulso por encima del promedio, con ajustes que llegan a primaria, secundaria y cursos. Estos incrementos, aunque espaciados, sostienen la inflación de servicios.

En la tienda de barrio, los procesados siguen con presiones por transporte e insumos, mientras algunos perecederos dan respiro. La mezcla deja una sensación ambigua: el carro del mercado puede no subir mucho un día, pero el gasto diario en comidas fuera sí.

El banco central mantiene la tasa en 9,25% y prefiere mirar con lupa la subyacente antes de mover ficha. La meta de 3% sigue en el horizonte, pero la ruta será lenta. En la casa de Marta, el plan es cocinar más, comparar precios y posponer compras no urgentes.

En barrio y ciudad, la inflación no pega igual. En zonas donde tarifas y transportes pesan más, el bolsillo se resiente con mayor fuerza. La conversación en redes y en la mesa gira en torno a ajustes: ¿qué recortar sin perder calidad de vida?

La esperanza está en que los costos al productor sigan cediendo y se traduzcan en los próximos meses. Por ahora, negocios y familias buscan eficiencias: promociones, días de descuento, marcas propias y menús ejecutivos.

Gremios del consumo masivo reportan demanda más selectiva y tickets promedio con menos impulso. Los restaurantes hablan de menús flexibles y porciones cuidadas. En educación, asociaciones de padres piden transparencia en los incrementos.

Las autoridades insisten en la prudencia con decisiones de ingresos y tarifas. La coordinación de políticas será clave para que el 2026 llegue con una inflación más baja sin frenar la actividad.

El 5,51% es más que un número: es la suma de pequeñas decisiones diarias. Cocina en casa o afuera, pagar la matrícula ahora o después, posponer una salida. El desafío de 2026 será aliviar ese cálculo cotidiano sin perder dinamismo.

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