La negociación del mínimo entra en zona crítica.

En la tienda del barrio, el letrero “subió” ya es costumbre. El dato de octubre lo explica: 5,51% anual y cuarto lugar en la región. Para millones de hogares, la inflación ya no es una estadística; es la diferencia entre llegar o no a fin de mes. 

La escalera empezó en junio (4,82%) y no se detuvo en julio, agosto y septiembre. Ahora, con el salario mínimo en discusión y servicios como arriendo y comida fuera del hogar empujando la cuenta, el ajuste se siente en cada fila del supermercado.

En América Latina, Colombia mira hacia arriba a Venezuela, Argentina y Bolivia; por debajo, países como México (3,57%) y Chile (3,4%) lograron mayor estabilidad. Las comparaciones pesan cuando el bolsillo no afloja.

Tras el número hay contratos que indexan precios pasados y los llevan al presente. “Es la inercia”, explica César Pabón; “aún no se logra la meta de 3%”, advierte Carlos Sepúlveda. Son pistas de por qué el Banco de la República podría pisar el freno a los recortes de tasa.

Mientras tanto, el Gobierno ha mencionado un aumento del 11% del salario mínimo. Para quienes viven del día a día, esa cifra se lee como alivio; para pequeñas empresas, como una factura difícil si no llega con productividad y alivios a costos. 

En la plaza de mercado, frutas y verduras reflejan el clima y la logística; en el arriendo, los contratos. En el almuerzo, la propina y los insumos. Pequeñas decisiones suman a una cifra que parece pegada.

Con 5,51%, los hogares ajustan: cambian de marca, migran a tiendas de descuento, cocinan más en casa. Los comerciantes ajustan inventarios y promueven combos para rotar.

Si el Emisor mantiene la tasa real positiva y el mínimo se acuerda con prudencia, el 2026 podría arrancar con alivio; si no, la espiral de precios-salarios podría apretarse.
Vecinos como Perú (1,4%) y Ecuador (1,24%) muestran que se puede volver a niveles bajos, pero el camino exige coordinación.

 El desafío es sostener la confianza: que hogares y empresas crean que los precios bajarán. Sin eso, la inercia sigue mandando.

 Organizaciones de trabajadores piden cuidar el poder de compra; gremios alertan por empleo si el ajuste supera la productividad. Las próximas semanas serán decisivas. 

Para el crédito y el consumo, una inflación pegajosa mantiene tasas altas y financiamiento difícil; el alivio dependerá de cómo cierren regulados y alimentos este año.

 Entre la lista del mercado y el contrato de arriendo, el 5,51% no es un número: es la vida cotidiana. La salida requiere acuerdos medidos y señales claras. 

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