Comunidades y familiares lloran a una mujer entregada al trabajo social

En Chiscas, un pequeño municipio boyacense a varias horas de Bogotá, el nombre de una joven trabajadora social se repite en conversaciones, misas y mensajes de despedida. Tenía 25 años, una vida profesional en ascenso y una relación sentimental que la llevó a mudarse al norte del departamento junto a su esposo, un subteniente de la Policía recientemente nombrado comandante de la Estación. La noche del 19 de noviembre, un disparo de fusil puso fin a esa historia. 

Según la reconstrucción inicial, el oficial manipulaba su fusil de dotación cuando el arma se disparó y el proyectil impactó en la cabeza de la joven. La versión del abogado defensor habla de un accidente, mientras que la Fiscalía abrió una investigación que no descarta, por ahora, ninguna hipótesis. Entre el dolor y la incertidumbre, familiares y amigos se debaten entre el recuerdo de la pareja que conocían y las preguntas que hoy deja la tragedia. 

La joven había crecido en Boyacá, en una familia vinculada al sector público, y desde temprano se inclinó por el trabajo social. Egresada de instituciones educativas del departamento, se formó para trabajar con comunidades vulnerables y liderar procesos comunitarios. En Chiscas se había vinculado a programas de salud y bienestar, lo que la llevó a recorrer veredas y a ganarse el aprecio de líderes locales y habitantes que hoy la recuerdan por su cercanía y capacidad de escucha. 

Su historia de amor con el subteniente también tenía varios años. De acuerdo con conocidos, la relación se consolidó mientras él avanzaba en la carrera policial y ella en sus estudios. El traslado del uniformado a Chiscas marcó un nuevo capítulo: la pareja empacó sus cosas y llegó al municipio hace apenas unos meses, con planes de construir allí su proyecto de vida, lejos del ruido de las grandes ciudades.

La noche del disparo, el ambiente en el municipio estaba marcado por la tensión. Versiones señalan que horas antes se habría registrado un hostigamiento contra un batallón de alta montaña de la zona, lo que puso en alerta a la Fuerza Pública. En ese contexto, el subteniente recibió un fusil tipo Galil para reforzar la seguridad. Poco después, la manipulación de esa arma, según la defensa, terminó en el disparo fatal. 

Tras el impacto, el oficial habría intentado llevar a su esposa al hospital en una patrulla, pero el vehículo se volcó en el camino. Ella llegó sin signos vitales al centro asistencial. En cuestión de minutos, la noticia comenzó a circular entre el personal médico, las autoridades y los vecinos, que se sorprendieron al saber que la víctima era la misma joven que días antes habían visto coordinando actividades con niños, adultos mayores y mujeres rurales.

El dolor no se quedó solo en Chiscas. En su municipio de origen, la alcaldía publicó un mensaje de condolencias dirigido a la familia, exaltando su labor como trabajadora social y el impacto que tuvo en los proyectos donde participó. Excompañeros de colegio y universidad recordaron sus sueños de seguir estudiando y de especializarse en temas de paz y convivencia, metas que quedaron truncadas de manera abrupta. 

Mientras tanto, el subteniente enfrenta un proceso penal y disciplinario. La defensa insiste en que se trata de un homicidio culposo, producto de un error en la manipulación del fusil. La Fiscalía, sin embargo, evalúa los elementos probatorios para determinar si hubo negligencia grave o si existen indicios de violencia de género que puedan configurar un feminicidio, figura penal que busca proteger la vida de las mujeres en contextos de violencia machista. 

En este duelo, muchas preguntas se cruzan con los recuerdos. Quienes la conocieron insisten en que era una mujer alegre, comprometida con su trabajo y con vocación de servicio. En redes sociales, las fotos de actividades comunitarias, reuniones con campesinos y jornadas de sensibilización se han llenado de mensajes de despedida y llamados a que su muerte no quede en la impunidad. 

La historia de la joven y de su esposo policía se suma a la lista de casos en los que una arma de uso oficial termina quitando la vida a una mujer en circunstancias confusas. Para su familia y la comunidad, el mínimo acto de justicia será conocer la verdad completa: qué pasó esa noche, por qué el arma estaba siendo manipulada, qué tan preparado estaba el oficial y si existían señales previas de riesgo que nadie vio o que no fueron atendidas. 

Hoy, Chiscas y su municipio de origen intentan honrar su memoria con velas, misas y homenajes sencillos, mientras las autoridades avanzan en la investigación. En medio del luto, la vida cotidiana sigue, pero el nombre de la joven trabajadora social se ha vuelto símbolo de una pregunta incómoda: ¿cómo garantizar que las armas destinadas a proteger a la ciudadanía no terminen arrebatando vidas dentro del propio hogar? 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *