Reciclaje del 80 %, abono orgánico y movilidad sostenible marcaron el camino
El anuncio llegó con una foto sencilla: funcionarios del IDRD sosteniendo una estatuilla. Detrás había meses de planillas, mediciones y recorridos al amanecer. El Parque Simón Bolívar, el lugar de trotes, bicicletas y festivales, se convertía en el primer parque carbono neutro de Latinoamérica.
La verificación de VERSA bajo la NTC ISO 14064-1 no dejó cabos sueltos. El equipo técnico debió medir su huella, reducir lo que estaba en sus manos y compensar el remanente. El resultado: más del 80 % de residuos aprovechados, abono orgánico hecho en casa y menos emisiones por movilidad sostenible.
“Reducimos y compensamos 8.700 toneladas de CO₂”, explicaron. Y aunque la cifra suena fría, se traduce en árboles preservados, césped cuidado y lagos menos presionados. El parque que en 2024 recibió 4,7 millones de personas demostró que los espacios públicos también pueden liderar la transición climática.
El ‘Sello Verde de Verdad’ coronó el proceso. Para muchos, es el primer paso de un camino más largo: electrificar flotas de soporte, optimizar iluminación y llevar la cultura del reciclaje a cada concierto. La etiqueta no es un trofeo, es un compromiso vivo.
Los planes ya miran más allá del lago y los senderos. En 2026, parques El Tunal, Timiza, Ciudad Montes y San Cristóbal iniciarán su propia ruta. Si el Simón Bolívar fue el ensayo, lo que viene será una orquesta.
Quienes corren al amanecer notarán poco el cambio. Pero en los datos y en las decisiones, el parque ya es otro: mide su respiración y cuida la de todos. Las ciudades también respiran por sus parques.
En redes, la Alcaldía y el IDRD celebraron el hito; sectores ambientales pidieron mantener auditorías y reforzar la reducción directa antes que la compensación. Turistas y ciudadanos vieron en el logro una nueva narrativa para visitar y habitar el parque.
La noticia se coló en medios nacionales y oficinas de turismo: Bogotá suma un argumento potente en la competencia por viajeros que buscan experiencias sostenibles.
Simón Bolívar cambió su rutina: además de conciertos y picnics, ahora presume una contabilidad climática. Y promete no soltarla.
